

Ser maestro ABC es transformar vidas desde las aulas
Martha Maricela Galicia Lira
Premio ABC 2016/ Estado de México
15 de Mayo del 2026
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El día del maestro y la maestra no debería quedarse en una fecha marcada en el calendario ni en un acto protocolario. Es, ante todo, un llamado a reflexionar sobre el sentido más profundo de nuestra vocación: formar personas capaces de transformar su realidad y atreverse a construir un futuro distinto.
Desde mi experiencia en la función directiva en educación secundaria, he comprendido que ser maestro —y, sobre todo, ser un Maestro ABC— va mucho más allá de enseñar contenidos. Significa tocar vidas. Significa crear experiencias que trascienden el aula y permanecen en la memoria y en las decisiones de nuestros estudiantes.
Ser Maestro ABC es asumir un compromiso genuino con el aprendizaje, con la formación integral y, especialmente, con la construcción de altas expectativas en cada estudiante. Es creer en ellos cuando aún dudan de sí mismos. Es mirar más allá de sus circunstancias y acompañarlos —a veces en soledad, otras en comunidad con colegas y familias— en el descubrimiento de su propio potencial.
En este camino, las salidas didácticas han sido una de las experiencias más significativas. Son momentos donde el aprendizaje deja de ser abstracto y se vuelve vida. Donde el conocimiento se respira, se observa, se cuestiona. Ahí, frente a escenarios reales, los estudiantes no solo aprenden: despiertan.
He sido testigo de cómo, después de cada experiencia fuera del aula, algo cambia en ellos. Regresan distintos. Más curiosos. Más motivados. Más conscientes de que su historia no está escrita, de que pueden aspirar a más. Y entonces hablan… y en sus palabras se revela la esperanza:
“Yo quiero estudiar en Ciudad Universitaria… me gustaría ser bióloga marina o azafata…”
“Mi futuro… depende de mí no rendirme. Quiero estudiar diseño, gastronomía, tener un negocio y una familia”.
“Quiero ser psicólogo… ayudar a las personas y ser alguien en la vida”.
“Sueño con muchas cosas y me esforzaré para lograrlas”.
“Me gustaría ser como el maestro Demetrio”.
“Solo se vive una vez… y de mí espero todo”.
En esas voces hay algo profundamente poderoso: la certeza de que los sueños existen, pero también la necesidad de que alguien los nombre, los valide y los acompañe. Nuestros estudiantes no carecen de aspiraciones; lo que muchas veces necesitan es un entorno que les haga creer que son posibles.
Muchos de ellos se visualizan en instituciones como la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional o la UAM. Se proyectan como médicos, psicólogos, ingenieros, artistas, emprendedores. Quieren trascender, ayudar, construir una vida digna. Y es ahí donde la escuela cobra sentido.
Porque esas aspiraciones no nacen por casualidad. Se siembran, se cuidan y se fortalecen desde cada experiencia educativa. Desde cada palabra de aliento. Desde cada oportunidad que ampliamos.
Las salidas didácticas, en este sentido, no son solo actividades complementarias: son ventanas al mundo. Son puentes entre lo que el alumno es hoy y lo que puede llegar a ser. Son semillas de posibilidad.
Por lo tanto, ser maestro en la actualidad exige mucho más que dominio disciplinar. Exige sensibilidad para mirar al otro, compromiso para no rendirse y visión para entender que educar es, en esencia, un acto profundamente humano.
Hoy más que nunca necesitamos Maestros ABC: docentes que no se conformen, que innoven, que acompañen, que crean. Profesionales que entiendan que cada gesto, cada palabra y cada experiencia pueden cambiar el rumbo de una vida.
En este mes del maestro y la maestra, reconozco a quienes, desde el aula y la gestión, sostienen la esperanza todos los días. Porque cuando educar se hace con sentido, con convicción y con el corazón, no solo se forman estudiantes:
Se forman historias.
Se abren caminos.
Se transforman vidas.

Martha Maricela Galicia Lira
Premio ABC 2016/ Estado de México
Es doctora en Ciencias de la Educación, maestra en Ciencias de la Educación y en Acompañamiento Educativo. Originaria de Coatlinchán, municipio de Texcoco en el Estado de México, inició su trayectoria profesional en 2008 como docente de secundaria.
En 2016 fue reconocida con el Premio ABC, otorgado por la asociación civil Mexicanos Primero. En 2023 fue reconocida en el programa “Maestros que Dejan Huella” de ILAB por la creación del proyecto social “Voces de la Experiencia. Actualmente se desempeña en funciones directivas en educación secundaria y participa como docente en programas de maestría y doctorado, contribuyendo a la formación de profesionales de la educación desde una perspectiva crítica, ética y socialmente comprometida. Asimismo, colabora como articulista en la Revista Edurama, promoviendo la reflexión pedagógica, la innovación educativa y el análisis de los desafíos contemporáneos de la educación en México.
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