

Think Equal: ¿Cómo suena la empatía en el aula?
Maribel Montúfar
Radix Education/Ciudad de México
01 de Mayo del 2026
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Una de las oportunidades maravillosas que brinda el trabajo en comunidad es coincidir con personas que nos permiten conocer sus historias, acercarnos y aprender con ellas. Esta es la razón por la que adoro mi trabajo.
En las comunidades educativas del país se mueven afectos todo el tiempo. Sin importar si se trata de docentes, de estudiantes o de MAPAS (madres y padres), las escuelas son un espacio de convivencia y transformación donde ponemos distintos sentires a interactuar. En este contexto, no siempre se cuenta con herramientas para reconocer que las emociones son una de las consecuencias más complejas de nuestra condición como seres sociales.
Pienso en el proyecto en el que participo, como un acompañamiento valioso que se suma a las estrategias que ya existen en cada comunidad. Think Equal (T.E) es una metodología que busca desarrollar veinticinco habilidades socioemocionales durante la primera infancia —lo que ha sido llamado la “asignatura faltante”—. Aunque quisiera mencionarlas todas, me centraré en la empatía, ya que es el nodo donde convergen todas las demás.
Las comunidades donde se está aplicando este programa pertenecen a CONAFE, una institución que se caracteriza por llevar la educación a los sitios más lejanos y estructuralmente vulnerables. Actualmente, T.E. está presente en más de 4,000 preescolares en México. Con esta colaboración conocí la magnitud del impacto de tener líneas guía en materia emocional dentro de comunidades rurales con diversos contextos en mi estado, Veracruz.
¿Pero cómo se vive la empatía? ¿Cómo se escucha? Al respecto, me permito compartir algunas postales escritas: a veces la empatía suena como una docente paciente al final de una caótica jornada, en la que la energía de sus estudiantes se mantuvo muy alta pese a vivenciar una lección que trata sobre la calma; ella noblemente me comparte como consejo para otros educadores “siempre recordar que un día nosotros también fuimos pequeños y que durante la sesión tratemos a los niños como nos hubiera gustado que nos trataran”.
En otras ocasiones, la empatía suena como un estudiante apoyando a una compañera con barrera de aprendizaje a colorear su máscara para una sesión. También puede sonar como una comunidad totonaca compartiendo conmigo los saberes de su hogar y territorio durante mi visita. A veces suena como pequeñas(os) emocionadas(os) realizando acciones amables que les permiten germinar sus “semillas de la amabilidad”. Otras veces, suena como una mamá contando conmovida cómo su pequeño la reconvino a calmarse y respirar cuando ella le estaba gritando. Ha sido un gran privilegio acompañar estas formas de dar espacio a la ternura.
Si bien las comunidades siempre hemos tenido formas de sostenernos en colectivo –no recuerdo en toda mi trayectoria como estudiante haber vislumbrado un espacio para reconocer esto y encauzarlo–, es probable que el interés de la escuela haya sido hasta hace muy poco tiempo enseñarnos poco más que contenidos o habilidades productivas. Me alegra reconocer que eso ha cambiado. Ahora que trabajo con docentes me encuentro con la misma sorpresa ante esta estrategia, pero también les invade el mismo entusiasmo al reconocer las posibilidades.
Esta es una apuesta por entender la complejidad de enseñar a seres biopsicosociales. Creo que el programa viene a reivindicar el poder que tienen las emociones cuando trabajamos en educación. Nos permite hablar de ellas, reconocer cómo habitan esos sentimientos las(os) pequeñas(os) pero también a nosotras(os); y lo más maravilloso es que nos brinda herramientas para transitarlas, como el animómetro, las guías de respiración, los ejercicios de atención plena y los cuentos que nos permiten habitar un mundo más suave. Estamos dando un lugar central a la solidaridad y reconociendo que es un pilar para el bienestar de una comunidad de aprendizaje.
A partir de esta experiencia, confirmo que la empatía se practica y se construye a diario, se refleja en pequeñas acciones que tienen un profundo alcance en la forma en que niñas y niños se relacionan consigo mismos y con los demás. Estas construyen el futuro de sus comunidades y fortalecen su capacidad de adquirir nuevos conocimientos. Al mismo tiempo, como acompañante, esta experiencia me recuerda que enseñar es, ante todo, un acto profundamente sensible y transformador. Invito a investigar más sobre el programa, a reconocer el poder de las emociones en sus propios espacios y a abrir la posibilidad de habitarlos con mayor ternura, apostando por comunidades donde sentir también sea parte central del aprendizaje.
Para mí, otros mundos son posibles sólo si nos permitimos sentirlos.

Maribel Montúfar
Radix Education/Ciudad de México
Originaria de Veracruz, México. Es licenciada en Sociología y maestra en Estudios de Género por la Universidad Veracruzana. Con experiencia en investigación y trabajo comunitario, considera que la educación es la base para todas las transformaciones sociales. Ha sido docente y facilitadora de talleres con juventudes, además de colaborar en proyectos con infancias desde organizaciones y espacios educativos. También ha participado en investigaciones locales e internacionales sobre derechos de la infancia. Actualmente es Oficial de Programa en Radix Education, donde acompaña la implementación de la metodología Think Equal en el norte de su estado, apostando por una educación más empática, inclusiva y consciente.
Contacto:
Instagram: @maribelmh_
LinkedIn: Maribel Montúfar Hernández linkedin.com/in/maribel-montúfar-hernández1999



