

Los sueños comienzan: reflexiones al cierre de un ciclo escolar
Olga Donají Ibarra Leal
Docente / Tamaulipas
07 de Agosto del 2026
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Al llegar al final del ciclo escolar 2025-2026 es inevitable hacer una pausa y mirar hacia atrás. Para quienes somos maestros, concluir un ciclo no significa únicamente cerrar listas, entregar calificaciones o despedir a un grupo de estudiantes; significa reconocer los aprendizajes alcanzados, valorar las experiencias compartidas y recordar las historias que tuvimos la oportunidad de acompañar.
Este ciclo escolar tuve la oportunidad de trabajar con estudiantes de primero y segundo grado en la asignatura de Español, en la Escuela Secundaria General No.
1 "Dr. Belisario Domínguez". Cada grupo representó un nuevo reto, pero también la oportunidad de confirmar que el aula continúa siendo ese lugar donde las y los jóvenes descubren quiénes son y comienzan a construir sus sueños.
Ser maestra de secundaria me permite observar una etapa muy especial en la vida de las y los estudiantes. Recibimos adolescentes que llegan con inquietudes, talentos, inseguridades y grandes sueños. Algunos todavía no saben de lo que son capaces y es precisamente ahí donde nuestra labor adquiere un significado especial. Como docentes, tenemos la oportunidad de mirar más allá de una calificación y descubrir habilidades que, en ocasiones, nuestros propios estudiantes aún no reconocen en sí mismos.
Con esa convicción buscamos que el aprendizaje del Español trascendiera las páginas de un libro y tuviera un sentido para la vida. Así nació "Sabores con historia", un proyecto que poco a poco involucró a estudiantes, familias, docentes y comunidad escolar.
A través de las recetas tradicionales, las y los alumnos descubrieron que detrás de cada platillo existen recuerdos, personas, costumbres y celebraciones que forman parte de nuestra identidad.
Cada receta comenzó a contar una historia. Las y los estudiantes dialogaron con sus familias, recuperaron recuerdos e investigaron tradiciones que han pasado de generación en generación, convirtiendo la escritura en un puente para preservar la memoria y fortalecer el sentido de pertenencia.
El proyecto también permitió que cada estudiante encontrara una manera distinta de participar. Algunos descubrieron habilidades para escribir y narrar; otros para investigar, organizar información, utilizar la tecnología o expresarse frente a los demás. Como parte de esta experiencia, entrevistaron a docentes para conocer las recetas y recuerdos que forman parte de sus historias familiares. Escuchar esas experiencias les permitió comprender que todas las personas tienen algo valioso que compartir.
Conforme avanzaba el proyecto, la participación de la comunidad fue creciendo. Las familias compartieron sus saberes, los docentes abrieron sus recuerdos y tuvimos la oportunidad de invitar a un chef, quien mostró a las y los estudiantes cómo la gastronomía también preserva historias, tradiciones e identidad. Su participación permitió relacionar lo aprendido en el aula con la vida real y despertar nuevas inquietudes sobre el futuro profesional de los jóvenes.
Como maestra, experiencias como esta reafirman el sentido de mi profesión. Enseñar no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en crear oportunidades para que cada estudiante descubra sus capacidades, desarrolle confianza y encuentre espacios para expresar sus talentos.
Durante este ciclo vi alumnas y alumnos que vencieron el miedo a participar, que encontraron seguridad para escribir, que descubrieron habilidades para comunicarse o que comprendieron que los conocimientos aprendidos en casa también tienen un enorme valor. Fue entonces cuando confirmé, una vez más, que cada estudiante posee talentos que muchas veces permanecen ocultos hasta que alguien les brinda la oportunidad de mostrarlos.
Proyectos como "Sabores con historia" nos recuerdan que la educación cobra mayor sentido cuando la escuela abre sus puertas a las familias y a la comunidad. Cuando los estudiantes investigan su propia realidad y descubren el valor de sus raíces, el aprendizaje deja de ser un contenido escolar para convertirse en una experiencia que fortalece la identidad, el diálogo y la colaboración.
Hoy cierro este ciclo escolar con gratitud. Me quedo con los retos superados, con la creatividad de mis estudiantes, con el trabajo compartido y con la satisfacción de saber que cada experiencia dejó una enseñanza. Cada generación avanza hacia nuevos caminos, mientras nosotros permanecemos preparando el aula para recibir nuevas historias.
Porque mientras exista un estudiante dispuesto a soñar y un docente dispuesto a creer en él, la escuela seguirá siendo ese maravilloso lugar donde los sueños comienzan y, muchas veces, también empiezan a hacerse realidad.

Olga Donají Ibarra Leal
Docente / Tamaulipas
Licenciada en Educación Secundaria con especialidad en Español por la Escuela Normal Superior de Tamaulipas y Maestra en Educación. Actualmente cursa el Doctorado en Educación. Desde 2011 se desempeña como docente de educación secundaria, destacándose por el diseño e implementación de proyectos de innovación educativa enfocados en el fortalecimiento de la lectura, la escritura y la participación de las familias en el proceso educativo. Ha participado como ponente y autora en diversos foros académicos nacionales, además de sistematizar buenas prácticas docentes orientadas a la Nueva Escuela Mexicana. Su labor ha sido reconocida por la Secretaría de Educación de Tamaulipas y por la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM), consolidándose como una docente comprometida con la investigación educativa, la mejora continua y la transformación de los procesos de enseñanza y aprendizaje



