

Lo que pasa cuando una estudiante empieza a creer que sí puede
Catalina Paola Moreno Ávila
Radix Education / Ciudad de México
29 de Mayo del 2026
#CDMX #Radix #OrientacionVocacional #Bachillerato #PerspectivadeGenero
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En febrero de 2025 en el auditorio de un bachillerato, un docente compartió lo siguiente: “existe una diferencia en el acceso a oportunidades deportivas y laborales para las mujeres, ya que existen deportes y profesiones consideradas exclusivamente para hombres”.
No lo dijo con enojo, sino con una certeza que incomoda. Ese día me quedó claro que el problema no es la falta de interés, es la falta de posibilidades.
Trabajo en temas de orientación vocacional en Radix Education y con el tiempo he aprendido que elegir una carrera no es una decisión que se toma en solitario. Es una decisión atravesada por muchas voces: lo que dicen en casa, lo que se escucha en la escuela, lo que la sociedad repite una y otra vez.
Y cuando esas voces coinciden en limitar, las decisiones también se limitan; por eso, cuando comenzamos a trabajar con escuelas en un modelo de orientación vocacional con perspectiva de género, sabíamos que no bastaba con hablar solo con las estudiantes, debíamos mirar el entorno completo.
El primer paso fue detenernos y escuchar.
Trabajamos con personas docentes, orientadoras y otras figuras educativas, y en nuestros espacios empezaron a aparecer frases que parecían inofensivas, pero que decían mucho: se considera aceptable que las mujeres expresen sus sentimientos, lo que a menudo se interpreta como ser “dramáticas” y “empáticas”.
En contraste, a los hombres se les enseña que “no deben llorar” y evitar mostrar emociones consideradas “débiles”; se les enseña a privilegiar la racionalidad. No había mala intención, pero sí una historia detrás.
A partir de ahí, comenzamos a cuestionar esas ideas, a ponerlas sobre la mesa, a reconocer que, muchas veces, sin darnos cuenta, también desde la escuela vamos cerrando posibilidades.
Después vino el trabajo más cercano con quienes acompañan directamente a las y los estudiantes: hablamos de cómo orientar sin suponer, de cómo abrir conversaciones en lugar de dirigirlas, de cómo hacer preguntas que inviten a explorar, no a encasillar.
Recuerdo especialmente a una orientadora que nos compartió sus reflexiones después de una sesión con sus estudiantes: “las chicas mencionan la dificultad que puede tener una mujer para encontrar trabajo sin ser discriminada por estar embarazada o incluso darles puestos más altos a hombres por comentarios de que las mujeres se embarazan y con sus hijos ya no pueden tener puestos altos dentro de una empresa.
“Aproveché esta oportunidad para reflexionar con ellas sobre este punto en específico y les pregunté qué podían hacer diferente para que esto no sucediera. Y todas me hablaron de demostrar lo valioso que era su trabajo. Fue muy enriquecedor escuchar a las alumnas dispuestas a luchar por lo que desean y alcanzar sus objetivos”.
Ese cambio, aunque parecía pequeño, era enorme. Pero lo más poderoso vino después: cuando las estudiantes comenzaron a encontrarse con otras mujeres que ya estaban estudiando o trabajando en áreas que veían como lejanas, mujeres que hablaban de sus dudas, de sus tropiezos, pero también de lo que habían logrado.
En uno de esos encuentros, las estudiantes expresaron que las mentorías les ayudaron a aclarar dudas sobre carreras que antes consideraban "difíciles" o "inalcanzables". Una estudiante mencionó: “antes pensaba que la ingeniería no era para mí, pero ahora sé que con esfuerzo y apoyo sí puedo lograrlo”.
Poco a poco, empezaron a cambiar las conversaciones. Donde antes había inseguridades, comenzaron a aparecer preguntas. Donde había certezas limitantes, empezó a haber curiosidad.
Una estudiante nos compartió: “la motivación y el acompañamiento que nos daban (las mentoras) fue clave para aprender más sobre las ingenierías y sobre nuestros intereses y a no limitarnos por los roles de género y estereotipos”. No fue un cambio inmediato, pero fue un cambio real.
Acompañar estos procesos me hizo replantear muchas cosas. Entendí que la orientación vocacional no se trata solo de ayudar a elegir una carrera, se trata de ampliar el horizonte de lo posible, se trata de generar experiencias donde las y los estudiantes puedan verse de otra manera; donde puedan cuestionar lo que siempre han escuchado, donde puedan decir, por primera vez: “tal vez sí puedo y quiero lograrlo”.
Hoy tengo claro que, cuando una estudiante empieza a creer que sí puede, no solo cambia su decisión vocacional: cambia la forma en la que se mira a sí misma, cambia la manera en la que se relaciona con su futuro, y poco a poco, también cambia su entorno.
Porque creer que se puede no es un acto individual, es el resultado de muchas voces que, en lugar de limitar, empiezan a abrir camino.

Catalina Paola Moreno Ávila
Radix Education / Ciudad de México
Es originaria de Toluca, Estado de México. Es Coordinadora Senior en Radix Education, donde lidera programas de alto impacto enfocados en el desarrollo infantil temprano, perspectiva de género y desarrollo de habilidades; así como la medición de impacto y la gestión de alianzas para asegurar calidad y mejora continua. Cuenta con experiencia docente en educación inicial. Es licenciada en Psicología y Maestra en Liderazgo y Educación por EDRADIX, con especialización en Primera Infancia.



