

Mi experiencia como docente en una escuela democrática
Paulino Ordóñez
Docente / Monterrey
05 de Junio del 2026
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Siempre tuve la inquietud de dar clases, pero nunca pensé que dedicaría tanto tiempo de mi vida a la docencia. Lo que comenzó con la coordinación de talleres literarios para adolescentes, terminó en un involucramiento constante en salones de clases (presenciales y virtuales).
En enero de 2025 me uní a The Pearl Remote Democratic High School por invitación de su directora, la Dra. Robin Harwick. Sabía de la escuela y sabía que era de educación democrática, aunque no entendía mucho del tema. También, sabía que era en línea, con alumnos en diversos sitios del mundo -luego me enteré que es una organización no lucrativa, con base en Seattle, Washington-. Para cuando la invitación llegó, ya estaba lo suficientemente familiarizado como para aceptarla con entusiasmo y gratitud.
Yo contaba con experiencia en preparatorias y universidades en Monterrey, pero no sabía lo diferentes que serían las clases en una escuela democrática.
En la preparatoria en la que trabajaba antes de The Pearl, a las y los docentes se nos solicitaba -exigía- tener lista la planeación de todo el semestre antes de comenzarlo, lo cual no me parecía extraño: el trabajo de preparar clase y organizar el calendario de facilitaba mucho si ya sabíamos de antemano qué sucedería en cada sesión.
Y mi sorpresa fue que al integrarme a la educación democrática, una de las primeras sugerencias que escuché fue: “no prepares clase más allá de 2 o 3 semanas”. Lo entendí de inmediato: ¿cómo elegir los temas, cómo definir la dinámica y cómo saber las fuentes a consultar, si los y las jóvenes no han expresado sus intereses?
Hasta ese momento había dado las clases como yo quería, sobre lo que yo quería -guiado por los requerimientos de la Secretaría de Educación-. ¿Cómo fue posible que nadie preguntara a las y los alumnos qué querían aprender?
En The Pearl el programa de clase se construye junto con los y las estudiantes, sin sacrificar rigor académico, compartiendo responsabilidad y encontrando un balance entre intereses personales, sociales y los estándares de bachillerato. Este es un primer paso para formar ciudadanos informados, competentes e involucrados en sus comunidades.
Otra característica de la educación democrática es la apertura a que verdaderamente se puedan lograr salones inclusivos y espacios seguros para todas y todos y eso es lo más valioso. La mayoría de nuestros alumnos y alumnas son BIPOC (acrónimo para black, indigenous and people of color), pertenecen a la comunidad LGBTQ+ y/o tienen alguna neurodivergencia.
La escuela tradicional no sólo no les funcionó en lo académico por todas las razones posibles, sino que socialmente les produjo consecuencias traumáticas, ya que sufrieron acoso escolar y discriminación, incluso de parte de sus docentes.
Ahora, gracias a la educación democrática, no sólo obtienen el conocimiento que desean según sus intereses, el que necesitan y el que los estándares demandan: también encuentran un sitio seguro en el cual expresarse. Al darles voz, escucharles y atender sus inquietudes, comienzan a vivir experiencias democráticas desde muy jóvenes.
Otra forma en la que The Pearl sigue el modelo democrático, es por medio de proyectos creativos trimestrales en los que cada estudiante desarrolla el tema que desea, en la forma en que quiera desarrollarlo.
La idea es brindarle la oportunidad de abrir conversaciones sobre aquello por lo que las y los estudiantes sienten curiosidad, teniendo como mentores a sus maestros y maestras. Así, las y los jóvenes desarrollan autonomía, se apropian de su aprendizaje y aprenden de lo que apasiona a sus compañeros y compañeras.
Algo similar sucede del lado de las y los docentes. En mi caso, mis clases no son de materias que se están cursando, sino una combinación de lo que las y los alumnos quieren aprender y lo que yo tengo interés en enseñar -además de cumplir con lo que el plan tiene que cubrir-.
Mis clases han sido más bien propuestas: una clase de lectura dedicada a los temas sociales que más preocupan a las y los jóvenes, y una clase de psicología profunda, partiendo de mi formación psicoanalítica. Los esfuerzos educativos democráticos sólo traen beneficios a la juventud, así como a los ambientes de aprendizaje.
No imagino regresar a una escuela tradicional, sin que sean las y los estudiantes quienes guíen el rumbo de la clase y sean incluidos en la toma de decisiones respecto a temas institucionales. Sin duda, el modelo democrático es la base para mejores sociedades, más sólidas, plenas e inclusivas.
Ojalá, en los próximos años sea adoptado por más escuelas en México, donde tanto necesitamos del diálogo, la equidad y el pensamiento crítico.

Paulino Ordóñez
Docente / Monterrey
Estudió psicología clínica y combina la consulta privada con la docencia y la escritura. Ha publicado libros de poesía, cuento y de narrativa para niños y niñas; entre éstos últimos se encuentran: ¡Otra vez ese tal principito!, La palabra espuma, Paulo va a la peluquería y Te quedarás sin amigos, Grasa Mireles.



