

Evaluación en el aula
Verónica Leticia Ojeda Vega
Premio ABC 2013/ San Luis Potosí
24 de Julio del 2026
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Soy docente de primaria frente a grupo. Antes de mi formación pedagógica cursé estudios en el área administrativa. Durante esa etapa despertó mi interés el libro “La calidad de la educación primaria en México”, de Silvia Schmelkes, aunque entonces aún no era consciente de que la docencia se convertiría en mi verdadera pasión.
Mi experiencia administrativa fijó en mis actos el sentido del proceso y me acostumbré a preguntarme: ¿Qué hacer?, ¿Por qué lo voy a hacer?, ¿Con qué cuento antes de hacerlo?, ¿Cómo lo voy a hacer?, ¿Cómo medir qué he logrado lo que busco?
Cuando llegué al sistema educativo, las ideas de lo que había leído chocaban con la realidad de estar en un salón frente a un grupo. Situándome a inicios de este siglo, me veían rara en mi comunidad escolar porque realizaba diagnósticos de mis grupos y buscaba formas de evaluar para saber el antes y el después, y así determinar y comprender los procesos pedagógicos en mi grupo.
En ese tiempo propuse como tema de tesis El proceso administrativo-pedagógico en el aula, pero fue rechazado, pese a los argumentos que expuse para defenderlo. En ese momento cobraban sentido para mí los hallazgos de Silvia Schmelkes sobre la ausencia de una gestión efectiva por parte de los directivos escolares. Pensaba que, si esa realidad era evidente en el ámbito directivo, sus efectos debían ser todavía más profundos en el trabajo cotidiano de las y los docentes.
Lo anterior no significaba restar importancia a los resultados; por el contrario, implicaba reconocer que estos son consecuencia de los procesos que los preceden. En otras palabras, el bienestar y la libertad para construir comunidades con objetivos comunes constituyen una tarea compleja que exige la participación y el compromiso de todas y todos sus integrantes.
En aquel tiempo la prueba nacional de ENLACE se convirtió en una herramienta importante, ya que desglosaba la situación del grupo, antes de recibirlo y posteriormente, lo que me permitía analizar mi proceso de mi práctica docente.
Incluso mis hijas se acostumbraron en primaria a medir y analizar sus resultados de PLANEA. Cabe mencionar que también fue un elemento de peso que me ayudó en mi postulación al Premio ABC 2013; ya que con esa herramienta demostré el impacto de la práctica de comunidad de aprendizaje estudiante por estudiante y en toda la escuela.
También viví la decepción que generaron las prácticas asociadas a estas evaluaciones, las cuales comenzaron a ser cuestionadas. Sin embargo, para mí seguían siendo una herramienta valiosa para comprender y mejorar mi labor docente. A lo largo de mi trayectoria en la investigación he dado seguimiento a los procesos de evaluación que existen actualmente, aunque la creciente complejidad administrativa dificulta el acceso a resultados que antes eran de carácter público. Por ello, he buscado mecanismos externos que me permitan valorar y comprender con mayor precisión lo que sucede en mi práctica dentro del aula.
El Reto Bebras es una herramienta de evaluación gratuita que ha sido formidable para mí. Es una iniciativa nacida en 2003 en Lituania y que se usa en varios países de Europa, Asia y América. A México llegó en 2024, la pueden usar estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria y desde que llegó al país la uso en San Luis Potosí, aunque no he podido contactar con los encargados.
En mi caso, el reto se ha convertido en una plataforma de evaluación que me permite medir el proceso de nivel de logro aprendizaje de mis alumnos con un antes y después. Es una evaluación que se presenta en línea de manera asincrónica por periodos establecidos. Brinda una plataforma docente con los grupos, registro de cada estudiante con sus evaluaciones y proporciona un diploma a cada participante.
Cabe mencionar que su objetivo es evaluar el desarrollo de habilidades de pensamiento computacional, al analizar la capacidad para resolver problemas mediante secuencias lógicas que favorecen el razonamiento estructurado, la creatividad y el pensamiento crítico.
En el 2024 lo apliqué a un grupo de sexto grado, la escuela donde laboro es una primaria pública, con nueve computadoras, equipos obsoletos y una red de Internet deficiente. En el 2025 lo apliqué nuevamente a un grupo de sexto grado con 32 alumnos. Si bien la primera aplicación fue todo un caos, las niñas y los niños se acostumbraron y realizaron todo su proceso de examen solos, lo presentaron en el tiempo de clase.
Este año lo apliqué a un grupo de tercer grado, en la primera ronda solo logré que el 50% del grupo lo respondiera -de esos el 50% lo presentó en su casa, pero no fue viable ya que no los dejaron solos en casa y los ayudaron en el examen-.
Con este grupo en la segunda ronda se aplicó al 100% del grupo en la escuela, fue todo un reto lograr que niños de 8 años (muchos de ellos nunca habían usado una computadora) fueran autónomos en su aplicación. Tras iniciar la sesión, dejé que lo realizaran de manera autónoma.
Al inicio del ciclo escolar, en este grupo, el 25% de las niñas y niños no leían, al final uno de ellos fue de los de mayor puntuación.
El Reto Bebras, además permite hacer una comparación entre los resultados, nacionales y estatales, y un análisis del grupo en general.
Finalmente, deseo que conozcan esta oportunidad como medio de evaluación externa para sus grupos, especialmente para analizar nuestra práctica docente y contar con una herramienta más cuando realizamos una investigación. Y las y los directores tendrían un panorama que les permita aplicar el proceso administrativo en la práctica pedagógica con fundamento. Evaluar es la base para que docentes y directivos sigamos aprendiendo.

Verónica Leticia Ojeda Vega
Premio ABC 2013/ San Luis Potosí
es docente en la Escuela Primaria Pública Julián Carrillo en San Luis Potosí, e investigadora a la educación pública básica a través de comunidades de aprendizaje por indagación STEM. Articula la innovación aeroespacial —en colaboración con la International Aerospace Academy, la FIRST LEGO League y la NASA. Es coautora de “Las minas del conocimiento”, “Recuperando el ánimo y los aprendizajes” y “Escuelas Democráticas”. Es autora de “Impacto del nivel de logro con SOLE”. Su labor combina la producción científica con un impacto social democratizador. Ha recibido diversos reconocimientos: Premio ABC 2013, distinciones de la USICAMM, el reconocimiento del Museo Memoria y Tolerancia, y así como diversos premios internacionales estudiantiles en Brasil.



