

Cuando un niño abre un libro, también abre una puerta
Jesús Azael Pámanes Pérez
Educador / Zacatecas
28 de Agosto del 2026
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La historia de una red que nació en un aula rural
En 2022, cuando comenzaba mi experiencia como educador comunitario del CONAFE, llegué a la Escuela Primaria “Niños Héroes”. Era mi primera vez frente a un grupo y, además, estaba ante uno de esos grandes retos de la educación rural, un aula unitaria, con niñas y niños de primero a sexto grado.
Yo estudiaba Filosofía y comenzaba también mi camino en la literatura. Pensaba que llegaba a enseñar, pero pronto descubrí que aquella escuela también tenía mucho que enseñarme a mí.
Entre tantas cosas por construir, hubo un espacio que me llamó especialmente la atención, la pequeña biblioteca del aula. Entonces me hice una pregunta muy sencilla, ¿Cómo lograr que los niños se acercaran a los libros por gusto y no solamente porque tenían que hacerlo?
Y recordé mi propia infancia. Cuando cursaba sexto grado, mi maestra María Irma Ramírez Pérez me nombró “niño bibliotecario”. Aquella responsabilidad, que quizá parecía pequeña, dejó una huella enorme en mí. Por primera vez comprendí que un niño también podía ayudar a otros niños y niñas a descubrir la lectura.
Quise devolver aquella semilla. Elegí a uno de mis alumnos y lo convertí en niño bibliotecario. Juntos comenzamos con una actividad muy sencilla: “La lectura del lunes”. Cada viernes, las y los alumnos llevaban un libro a casa; el lunes compartían con sus compañeros un fragmento que les había gustado y hacían un dibujo sobre su lectura. Poco a poco, los libros comenzaron a salir de los estantes y a entrar en las conversaciones, en las casas y en la imaginación de las niñas y los niños.
Al terminar el ciclo escolar, reunimos sus trabajos y formamos un pequeño libro. Era sencillo, incluso rudimentario, pero para mí representaba algo enorme: habíamos descubierto que para fomentar la lectura no siempre se necesitan grandes recursos; muchas veces basta con confiar en las niñas y los niños.
En 2023, cuando mi proyecto de voluntariado “Zacatecas, letras y esperanza” comenzó a crecer, pensé que aquella experiencia no debía quedarse en una sola escuela. Así nació la idea de formar una Red de Niñas y Niños Bibliotecarios.
Con el apoyo de las bibliotecas y de la colección SEP-Centenaria, surgió también “La Mochila Viajera”: una manera de llevar los libros de una escuela a otra y de las escuelas a las familias.
Elegimos a nueve niñas y niños del municipio de Miguel Auza, lugar donde nací y vivo. Y aprendí algo que hoy considero fundamental; no siempre debemos buscar al estudiante que obtiene las mejores calificaciones, sino al que tiene ganas de ayudar, de compartir y de hacer algo por los demás.
Ellos recibieron un nombramiento, capacitación y, sobre todo, una responsabilidad, ser promotores de la lectura entre sus compañeros.
Hoy, en 2026, ya son tres generaciones de niñas y niños bibliotecarios. Este año, todas las integrantes de la tercera generación fueron niñas. Durante el paro magisterial decidieron no quedarse de brazos cruzados; organizaron tertulias, lecturas en familia, juegos como “La pesca de libros” y llevaron historias a otros salones. Con su esfuerzo y acompañamiento, logramos llegar a más de mil niñas y niños.
Pero, más allá de las cifras, hay algo que para mí tiene mucho más valor. Cada vez que veo a un niño o una niña tomar un libro y acercárselo a otro compañero, recuerdo a al niño que fui, sentado en un salón de sexto grado, cuando una maestra creyó que yo podía hacer algo importante.
Quizá esa es una de las mayores enseñanzas que me ha dejado la educación comunitaria, un maestro no solamente enseña cuando habla frente a un grupo; también enseña cuando confía en sus estudiantes.
Por eso, a quienes hoy están frente a un salón de clases les diría: miren a sus niños y niñas, descubran sus talentos y denles responsabilidades verdaderas. Formen un pequeño equipo de bibliotecarios, inventen una actividad de lectura, lleven los libros a casa, permitan que recomienden historias y que enseñen a otros.
No necesitan una gran biblioteca. A veces, solamente necesitan un libro y la confianza suficiente para ponerlo en sus manos. Porque una semilla puede parecer pequeña cuando se planta, pero nadie sabe cuántos árboles crecerán de ella. Y quizá, muchos años después, ese niño que hoy comparte un libro con sus compañeros sea quien mañana se lo entregue a otro. Entonces comprenderemos que la lectura no solamente se enseñó. Se heredó.

Jesús Azael Pámanes Pérez
Educador / Zacatecas
Es originario del municipio de Miguel Auza, Zacatecas, se ha distinguido como activista, voluntario, educador y promotor de la lectura. Es presidente de “Zacatecas, Letras y Esperanza”, proyecto dedicado a acercar la lectura a todos los rincones del Estado y del cual se desprenden iniciativas como la “Red de Niñas y Niños Bibliotecarios”. Ha sido nombrado Embajador de Bibliotecas Públicas y es recibió el Premio Estatal de la Juventud del Estado de Zacatecas (2022), el Premio Estatal de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (2024) y el Premio Nacional de Acción Voluntaria y Solidaria (2024).



