Un liderazgo que empieza por la mirada

 Arandi Hernández

 Radix Education / Ciudad de México

 31 de Julio del 2026

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Cuando pensamos en formar líderes educativos, solemos imaginar cursos de gestión, técnicas de planeación o herramientas para dirigir equipos. Todo eso importa. Pero al escuchar a las y los estudiantes de nuestra Maestría en Liderazgo y Educación, aparece algo más silencioso y determinante: antes de transformar un aula, un centro escolar o una comunidad, el liderazgo empieza por la manera en que cada docente se ve a sí mismo.

Eva, docente del Estado de Oaxaca en la región Mixe, lo dice con claridad: “La Maestría en Liderazgo y Educación me ha permitido darme cuenta de en dónde estoy parada. He aprendido, he compartido con compañeros y lo más importante, me ha permitido darme cuenta de qué es lo que yo quiero lograr.”

No habla primero de contenidos ni de metodologías; habla de una toma de conciencia sobre su lugar y su intención. Ese acto, aparentemente sencillo, es donde nace un liderazgo con dirección.

“No se puede dar lo que no se tiene” es un dicho popular y tal vez trillado, pero que aplica en lo esencial de cómo ejercemos nuestra vida y nuestros vínculos con los demás. Ese mismo principio puede llevarse a la educación: enseñamos desde quienes somos, y la calidad de nuestra práctica está inseparablemente ligada a la calidad de nuestra identidad y a nuestra integridad como personas.

La formación de líderes educativos, entonces, no puede reducirse a acumular métodos; requiere abrir espacios donde cada docente vuelva a preguntarse quién es, qué mira y desde dónde actúa.

Este proceso, por supuesto, no es cómodo. Preguntarse dónde uno está parado implica mirar también aquello que no se estaba mirando: las convicciones que se arrastran sin haber sido examinadas, las prácticas heredadas, los automatismos del aula.  

Es un trabajo interior que requiere tiempo y comunidad, y por eso mismo, suele quedar fuera de la formación docente tradicional. Pero cuando aparece, transforma.

Luis lo expresa desde otro ángulo: “A raíz de mi trayectoria en la Maestría pude experimentar una transformación plena y total de mi vocación docente… me he podido dar cuenta de que existen otras alternativas y cursos de acción para transformar la educación desde un liderazgo consciente, participativo y con una cosmovisión sistémica.”

El testimonio es breve, pero contiene un movimiento profundo: no aprendió a hacer cosas distintas, sino a verlas de otra manera. Y verlas diferente es, casi siempre, lo que después permite hacerlas de otra manera.

Este arco no es marginal ni excepcional en el programa. El 33% de nuestra matrícula proviene de Oaxaca, con docentes de comunidades mixes y zapotecas, y los promedios académicos de las generaciones becadas superan de forma consistente el 9.5. Detrás de esos números hay maestras y maestros que sostienen la Maestría mientras trabajan, muchas veces desde contextos rurales con conectividad limitada, porque intuyen que algo importante está cambiando en la manera en que ejercen su profesión. No están adquiriendo herramientas nuevas, están reencontrándose con su vocación.

“Un buen docente no es el que domina su práctica, sino el que sabe cuándo cambiarla para responder a sus estudiantes.” Fue una de las frases con la que cerró la graduación de la Maestría. Esa frase condensa lo que las voces han venido a mostrarnos. Nadie llega a este programa a perfeccionar una técnica, llega con una pregunta más difícil: ¿qué tendría que cambiar en lo que hago todos los días para que de verdad responda a quienes tengo enfrente?

Sostener esa pregunta (a lo largo de dos años, y después toda la vida) es lo que separa al líder que repite, del líder que transforma.

Ahí radica la mayor contribución de una Maestría en Liderazgo y Educación. No forma profesionales que apliquen fórmulas, sino personas capaces de mirarse con honestidad, mirar su contexto con rigor, y desde ahí, decidir hacia dónde quieren llevar a sus comunidades.

Un docente que ha vuelto a preguntarse quién es y qué quiere lograr, ya no enseña igual. Y una escuela hecha de docentes así tampoco es igual. Porque mover a otros empieza por moverse uno mismo y un liderazgo que empieza con esta mirada es el único que, después, puede transformar realidades. 

Arandi Hernández

 Radix Education / Ciudad de México

Directora Académica de la Maestría en Liderazgo y Educación en EDRADIX, donde diseña y articula un programa integral orientado a formar líderes educativos capaces de enfrentar los desafíos del presente y del futuro. Es Psicóloga y Maestra en Liderazgo y Educación por EDRADIX. Asegura que cada materia rete a las y los estudiantes a innovar en sus comunidades, fomentando un pensamiento de diseño emergente que responda a problemáticas reales, y garantiza la coherencia, la actualización y la sinergia entre todas las materias del programa.

Contacto:
www.linkedin.com/in/arandi-hj

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