Donde no había ni preescolar, hoy hay Montessori

 Daniel Torres Tinoco

 Michoacán /Comunicador

 22 de Agosto del 2025

#Michoacán #CAIC #CONAFE #Montessori #DIF 

Comparte este artículo:

No soy educador. Tampoco soy especialista en Montessori. Pero desde mi trabajo en Comunicación Social del DIF Morelia me ha tocado ver y acompañar experiencias que marcan. Una de ellas es ésta: niñas y niños en comunidades rurales, donde antes ni preescolar había porque CONAFE ya no llegaba aprendiendo con materiales Montessori en espacios públicos. Y no, no es exageración.

En 2022, el DIF Morelia arrancó una apuesta gradual por incorporar el modelo Montessori en los Centros de Atención Infantil Comunitarios (CAIC), comenzando con procesos de formación y adaptación metodológica. Para este ciclo escolar 2024–2025, diez centros ya trabajan bajo este enfoque educativo basado en la autonomía, el respeto y la exploración, en comunidades como La Carbonera, Noriega, Santa Rosalía o Joya de Buenavista.

Puede parecer sencillo, pero no es así. Aplicar esta metodología en el ámbito público no es común, pues requiere materiales muy específicos, formación continua, tiempo, dinero, voluntad y convicción. Por eso llama la atención que esto esté ocurriendo desde lo local. Esta apuesta ha sido posible gracias a una decisión institucional clara del DIF Morelia y respaldada por el gobierno municipal. Como en todo lo que vale la pena, no fue cosa de una persona, sino de un equipo convencido, empujando hacia lo mismo.

Poner en marcha esta estrategia implicó una inversión importante: formación para 12 educadoras, materiales especializados y acompañamiento técnico para adaptar y fortalecer el modelo en cada centro. Más allá de los recursos, lo valioso ha sido entender que apostar por la infancia, en serio, implica cambiar la forma como entendemos lo público: no como lo mínimo necesario, sino como lo mejor posible. 

Cuando visitas estos centros, te das cuenta de que ahí pasan cosas distintas. Las maestras ya no solo enseñan: acompañan, observan, se detienen. Van dejando atrás la idea de controlar todo y empiezan a confiar más en el ritmo de cada niña y cada niño. Se siente un ambiente distinto, con estructura pero sin rigidez. Una especie de calma en movimiento, donde todo está pensado para que la infancia crezca bien, sin prisas y sin moldes.

Para muchas niñas y niños, esta ha sido la primera vez que entran a un espacio pensado para ellos, con materiales diseñados para su desarrollo, donde se valora su curiosidad. En lugar de repetir en coro o memorizar respuestas, exploran, eligen, se equivocan, vuelven a intentar. Aprenden a convivir, a concentrarse, a resolver problemas. Son cosas que en otros lugares parecen normales; aquí, apenas están empezando a ser posibles. Y eso hace toda la diferencia.

Marco Antonio, padre de familia en Jerécuaro, comenta: “Aquí no hay este tipo de oportunidades. Que mi hija tenga acceso a este tipo de educación es un lujo que nunca imaginé. Me llena de esperanza, porque siento que esto le puede abrir un futuro diferente y romper con ese círculo de siempre tener solo lo básico”.

Elizabeth, mamá en Hermenegildo Galeana, recuerda que su hija era muy tímida cuando entró al CAIC: “Durante el ciclo se fue soltando. Ahora se cambia sola, guarda sus cosas, nos platica todo lo que hacen. Se ha vuelto más independiente y sociable”.

Lo que cuentan las familias es solo una parte de lo que se ha logrado. La apuesta ha sido más amplia y también ha tomado forma en otros espacios, como el CASVI y el CIEDIM —dos estancias municipales que atienden a la primera infancia desde una lógica de cuidado integral— donde también se ha incorporado esta filosofía. En total, la estrategia ya ha beneficiado a más de 1,600 niñas y niños.

Por si alguien se lo pregunta: no fuimos los primeros. En 2016, Saltillo inauguró el primer centro infantil público en México con enfoque Montessori. Pero hasta donde se ha podido documentar, Morelia es hoy el único municipio que ha logrado expandir esta experiencia de forma institucional a varios centros públicos de asistencia social. No estamos hablando solo de educación pública, sino de llevar este modelo a las niñas y niños más olvidados por el sistema.

No es una historia perfecta, ni pretende serlo; es una política pública que va tomando forma paso a paso, pero con sentido y dirección. Pero sí permite imaginar otras maneras de entender la educación pública. No como un servicio mínimo, sino como un derecho que puede —y debe— ofrecer lo mejor, sin importar la colonia o el código postal.

Lo que está ocurriendo en estos centros no es un milagro, sino que es fruto de una apuesta seria, con planeación y trabajo detrás. Y como todo lo que se construye en serio, requiere tiempo, seguimiento y voluntad para no quedarse como una excepción.

Yo lo comparto no para presumir, sino porque creo que vale la pena nombrar lo que muchas veces queda fuera de las cifras: esto que está pasando en Morelia —en sus márgenes, en sus comunidades— también es México. Y también merece contarse. 

Daniel Torres Tinoco

 Michoacán /Comunicador

Maestro en Ciencia de Datos y doctorante en Talento Humano. Se ha movido entre la comunicación, el análisis de datos y la planeación estratégica de proyectos con enfoque social. Cree en el poder de las ideas bien pensadas y mejor contadas, y en que la estrategia también puede tener alma. Corre, viaja, enseña y pregunta mucho. Le interesa entender cómo se gestiona el cambio —en las personas, las instituciones y las comunidades— para el desarrollo humano y organizacional.

Crecemos: