Permanencia y discapacidad

 Tania Solís

 Quintana Roo

 14/06/2024

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Hablar del derecho a aprender es un tema que nos lleva a la reflexión en múltiples áreas. El derecho a aprender es la esencia, desde mi punto de vista, del sentido del sistema educativo.

La permanencia de los estudiantes en el sistema educativo es lo que garantiza parte de su derecho a aprender, sin embargo, sabemos por las estadísticas del INEGI que de 100 alumnos que inician la educación primaria solo 28% terminan la universidad.

Estos son datos de alumnos que cursan la educación regular y hoy quiero compartirles una mirada a lo que ocurre cuando se trata de las y los estudiantes de los Servicios de Educación Especial, de alumnas y alumnos con discapacidad o alguna condición. Lograr su permanencia dentro del sistema educativo desde la educación inicial hasta la superior, es un tema que tiene muchas aristas.

Por un lado, podemos iniciar con el análisis de lo que ocurre con las familias, ya que en muchas ocasiones por miedo no llevan a sus hijos o hijas a los Centros de Atención Múltiple (CAM) o USAER. Estas familias conocen los retos que sus hijos e hijas enfrentan diariamente y es comprensible que tengan temor de no saber si en la escuela encontrarán todos los cuidados que requieren.

El primer obstáculo entonces para la permanencia viene del hecho de que las familias no saben a ciencia cierta cómo será el proceso educativo de sus hijas e hijos y esto impacta en lo tarde que pueden entrar y lo temprano que pueden salir del sistema educativo.

Sin embargo, los desafíos más grandes no están en las familias sino en el sistema. En primer lugar la cobertura: tal pareciera que el derecho a aprender está circunscrito a si hay o no servicio de educación especial en la escuela.  

En teoría, los servicios de educación especial son para los niveles de educación inicial hasta la capacitación laboral, pero hay un grupo de alumnos cuyas necesidades de atención son mayores y que por su condición no pueden incluirse a los CAM laborales, lo que en consecuencia los limita a continuar ejerciendo su derecho a aprender.

Solo los alumnos que alcanzaron ciertas habilidades pueden incorporarse porque están diseñados para la capacitación laboral, dejando fuera a todo aquel que no pueda capacitarse para el trabajo.

Esa es la historia de M.F, mi alumna por muchos años con parálisis cerebral; a los 19 años egresó del CAM al concluir su secundaria y desde julio del 2021 permanece en casa sin la posibilidad de continuar ejerciendo su derecho a aprender porque el sistema educativo no cuenta con una estrategia que le garantice poder estudiar, socializar, participar y disfrutar. Es cierto que ella requiere un nivel de atención personalizado, pero ¿no es ahí donde cobra más sentido el derecho a aprender?

M.F. sonreía cada mañana en la escuela, una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor, mientras defendía a capa y espada que el color morado (su favorito) era el mejor de todos. Hoy el sistema educativo no tiene cómo garantizar sus derechos.

Después de egresar del CAM en nivel secundaria, las y los jóvenes con discapacidad severa se quedan en casa, donde sin duda poco a poco irán desaprendiendo lo que tanto les costó.

En julio del 2024 egresa del CAM secundaria, -donde soy directora-, mi coqueta y vivaz T, alumna sorda que está deseosa de continuar sus estudios, de ir al bachillerato. T no quiere ir al CAED (Centro de Atención para Estudiantes con Discapacidad), pero es su única opción porque ahí sí hay intérprete de lengua de señas mexicana. ¿Y la inclusión? ¿Y su derecho a aprender en la escuela que ella desee? No se trata de tomar la opción que queda, se trata de poder escoger la que más le agrade como lo hacen el resto de los aspirantes en el nivel de media superior.

Claro que ella puede inscribirse y seguir todo el proceso, pero solo se encontrará con grandes obstáculos porque el sistema no puede garantizar el acceso a la educación sin la barrera del idioma. ¿Y el derecho a aprender de T en la prepa que ella quisiera? Tal vez a la que van sus vecinos, sus primos o donde pudiera hacer más amigos y extenderse fuera de la comunidad sorda, ¿dónde queda?

Las estadísticas indican que, en promedio, la permanencia de un alumno con discapacidad en el sistema educativo es máximo de 10 años, muchos de ellos se quedan en la primaria porque no hay oportunidades para continuar.

Debemos ser conscientes de que existen otras dolorosas realidades que el sistema educativo no atiende. Lo que no se visibiliza, no se nombra, por eso he decidido ponerlo sobre la mesa para en conjunto encontrar vías de respuesta. Porque la primera pregunta siempre será: ¿cómo logramos que TODAS y TODOS los estudiantes ejerzan su derecho a aprender?  

Tania Solís

Quintana Roo


Licenciada en Psicología por el Instituto de Ciencias y Estudios Superiores de Tamaulipas A.C. Apasionada de la Educación Especial, desde pequeña sentía que era su vocación. Ingresó al servicio docente en 1997 como psicóloga de una USAER de turno discontinuo del municipio de José María Morelos, en la zona maya del estado de Quintana Roo. Posteriormente, forma parte del colegiado docente que funda el CAM en la cabecera de dicho municipio. Años más tarde se integra a la mesa técnica del departamento de Educación Especial y del equipo de investigación del Proyecto de Investigación de Intervención e Integración Educativa, mismo que se concreta años más tarde en el Programa de Fortalecimiento de los Servicios de Educación especial. De manera simultánea se desempeña como docente en educación media superior. En 2006 se incorpora al CAM Hellen Keller turno matutino de Chetumal, Quintana Roo, donde trabajó con alumnos principalmente con parálisis cerebral y discapacidad múltiple. Su trabajo con los padres de familia y tras años de escucharlos y acompañarlos en el trayecto educativo de sus hijos, se corona con la puesta en práctica de Ser Acompañante. Actualmente tras años de participar en los procesos de promoción vertical, hoy se desempeña como directora del CAM Secundaria Jan Veermer, el primero en fundarse en su estado.

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