Violencia y escuela PDF Imprimir Correo electrónico

Miércoles 2 de junio de 2010.

¿Qué tiene que pasar para que se ejecute al director de una primaria, delante de los niños (Escuela Vicente Guerrero, Durango), o para rociar de balas a oponentes en la reja de la escuela (Escuela Chihuahua 2000, en esa ciudad), como se reportó en ese fatídico lunes que apenas pasó?

Alguien puede decir que son sucesos aislados, "daños colaterales" en la irritación resultante de una lucha nacional contra el narco. El asunto es que esa violencia que parece sobrevenir de fuera no está sola. Muchas veces, tristemente, corresponde con la violencia dentro de la escuela.

No debemos circunscribir el fenómeno al llamado "bullying". El hostigamiento violento entre pares por parte de los niños y adolescentes es muy lamentable, pero no es la única posibilidad; hay también violencia entre los adultos, y de los adultos con respecto de los niños. Por ello es más preciso y completo hablar de "violencia escolar". Me referiré a ella no sólo considerando actos explosivos de daño físico concreto; el maltrato -sea abuso verbal, discriminación, burla, humillación- incluye también las actitudes, y puede englobar a la comunidad escolar entera: ir a la escuela puede experimentarse como agresión, por la hostilidad sufrida en el salón, en el patio, a la salida.

Los expertos más renombrados -Peter Smith, inglés, y Christina Salmivalli, finlandesa- reconocen un doble movimiento en estudios comparativos a lo largo y ancho del planeta: hay un efectivo aumento de agresión en el contexto escolar, y además hay una visibilización que en el pasado permitía a padres y autoridades desentenderse de muchas situaciones que son objetivamente graves.

Me explico: los menores escolarizados fueron, buena parte de los siglos XIX y XX, parte del sistema "golpessori"; se veía normal y se considera tolerable -o hasta deseable- que hubiese castigos corporales en la escuela. Una sociedad machista, vertical, autoritaria propició que el abuso físico se considerara parte del proceso de aprendizaje. "La letra con sangre entra", fue la divisa de humillaciones a los alumnos de menor desempeño; vamos, a veces fueron -espero que ya nunca más- los propios padres los que incitaban a los maestros: "usted péguele si no le hace caso".

Si consideramos, como nos propuso el ya legendario texto de la UNESCO conocido como el Informe Delors, que la escuela es centralmente un espacio destinado a aprender a ser y a aprender a convivir, la violencia es una de las más brutales contradicciones de la escuela. La escuela, como dispositivo cultural que usa una sociedad para reinventarse, para volver a creer en sus propios ideales, para reactivar sus aspiraciones de justicia, no puede ser violenta. La escuela violenta es una contradicción en los términos, el suicidio de la congruencia.

Como humanos que somos sería falta de realismo suponer que en un espacio de tantas horas de convivencia no surjan desavenencias, o que no caiga alguno en la tentación de imponerse por la fuerza física; muy distinto es desertar de la obligación clara y permanente de los educadores para hacerse responsables del buen trato y de la colaboración digna, formativa y satisfactoria.

¿Por qué puede instalarse la violencia en la escuela? Básicamente por un mecanismo de transferencia: abuso y sumisión son la mayor parte de las veces conductas que se inician en el hogar y se llevan a la escuela. De ahí la gran responsabilidad de los padres y madres: ¿qué aprendieron de ti, de tus actitudes y formas de enfrentar el desacuerdo?; ¿está bien pegar primero y luego averiguar?; ¿estar grandote te da derecho al despojo y a la grosería?; ¿vales poco y es normal que te maltraten?; ¿no te puedes esperar una intervención inmediata de un adulto que impida el daño y sancione la ofensa?

Más aún: es psicopedagógicamente demostrable que el abuso y la sumisión son actitudes minoritarias: verdugo y víctima suelen ser casos extremos e identificables. Pero lo que más espanta es la multitud silenciosa y cómplice. Si educamos en casa -y reforzamos en escuela- que lo mejor es no intervenir, dejar que pase y suspirar aliviados de que "no nos tocó", o peor, hacer el juego y la comparsa festejando al abusivo, entonces no esperemos que acabe la violencia escolar. Es más, no esperemos que acabe la violencia fuera de la escuela, porque el principio es el mismo: el abuso se da por un abusivo y un contexto de impávidos, negligentes y/o cobardes. ¿Es duro lo que digo? Tal vez, pero creo que la indignación lo amerita.

Continuaré en la próxima entrega, pero le dejo un pensamiento: los grandes crímenes universales, como los genocidios contra gitanos, judíos, indios americanos o armenios, sólo fue posible por la pasividad de los muchos ante la violencia de pocos.

Comentarios (7)Add Comment
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escrito por Adoración Martínez Robles, junio 03, 2010
¿Claro que sí¿ Totalmente de acuerdo. Pero, ¿cómo hacer concientes a los profesores de esto? ¿Cómo hacerles entender que ésto es más importante que terminar el programa escolar?
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Violencia y escuela
escrito por Javier, junio 04, 2010
Solo era cuestion de tiempo para que se tocara este tema, el cual ya es por muchos sabido y por otros negado, el bullying se ha fortalecido incluso con el solapamiento de los papas irresponsables y narcos, dandole un poder a estos niños desviados incluso sobre las autoridades escolares(maestros) los cuales los dejan ser asi e incluso ya a ellos amedrentan porque tras de ellos hay gente de la familia, los zeta y demas grupos anomalos que dañan a la sociedad. Creo, hay que poner especial enfasis en medidas para contrarrestar esto(y, que los maestros ya no puedan ni tocar a los alumnos ya que pueden ser demandados no ayuda, ahi hay un hueco legal muy importante, no siempre el alumno sera la victima tambien como en estos casos se convierte en victimario de otros), propongamos y analicemos las opciones para beneficio de todos, como debe ser, un saludo y sigan con esta loable labor, la gente que le importan sus hijos, aman México y tiene conciencia y responsabilidad social se los agradece. smilies/grin.gif
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La violencia en la escuela
escrito por GABY MONTES, junio 04, 2010
estoy de acuerdo en sus comentarios, pero también como maestra frente a grupo debemos reconocer que muchos niños ya acuden a nuestras aulas siendo violentos pues lo traen de sus hogares, en donde solo a gritos, insultos y golpes entienden......he tenido padres de familia a los que cuando me quejo de algún problema sobre sus hijos me dicen "péguele maestra"!!!!! nunca lo haría, aunque reconozco que hay compañeros que sí los humillan, e insultan cosa que no debe ser. Saludos
Mauricio Leal Goldstein
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escrito por Mauricio Leal Goldstein, junio 06, 2010
Estimado David, como lo señalasno podemos esperar que en las escuelas de nuestro México no sucedan actos de violencia, si en el día a día nos encontramos con más signos de la descomposición del tejido social, y desafortunadamente como ciudadanos no empezamos a actuar de manera decidida para erradicar conductas violentas que se están tornando como admisibles en nuestras comunidades y por ende en nuestras instituciones educativas.
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Violencia
escrito por Angela G., junio 10, 2010
El papel que nos corresponde como sociedad es romper el silencio y decir YA BASTA, las aulas deben de ser lugares seguros, donde nuestros niños se conduzcan en libertad y ética, sin embargo, en ocasiones los mismos profesores no tienen estos valores, en otras, son los educadores los que les faltan el respeto a los niños, a sabiendas que la mayoría de los padres se quedan callados y delega en ellos la educación. ALTO A LA VIOLENCIA ESCOLAR
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Remontando la violencia
escrito por David Calderón, junio 15, 2010
Gracias a todos por sus comentarios. Tiene razón Adoración en tanto que el maestro puede jugar un papel crucial como maestro de vida, y sin descuidar los contenidos, darle relevancia a la convivencia y no a las nociones abstractas. Javier apunta a la necesidad de que la normativa sea clara para todos, y que las faltas de disciplina reciban una sanción merecida, especialmente cuando son agresiones a otro. Gaby nos recuerda que la violencia puede originarse en las casas... lo comprueba el estudio que hizo en 2007 el INEE, que muestra como hay mucho de la "transferencia" que comenté: niños golpeados en casa se vuelven golpeadores en la escuela. Mauricio destaca el hecho de que si algo nos parece aceptable en la sociedad, eso se va introduciendo a al escuela, si no somos cuidadosos. Ángela manifiesta, con gran sentido, cómo la violencia debe ser detenida en seco, cómo no tenemos largo tiempo sino que se exige acción inmediata. Sobre las dificultades de los maestros para manejar el tema, dedicaré el artículo de mañana a abordarlo. Saludos y gracias de nuevo por su participación.
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Dinkes & Schwitzer
escrito por Dinkes & Schwitzer, agosto 30, 2011
Interesante blog.

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David Calderón

David Calderón
Director General
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Cofundador y Director General de Mexicanos Primero, una iniciativa ciudadana de incidencia en política pública y corresponsabilidad social en educación. Fue instructor comunitario en zonas indígenas de Oaxaca e Hidalgo, y profesor de secundaria y preparatoria en la Ciudad de México. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Ciencias Sociales en Florencia. Fue becario del Posgrado de Excelencia del CONACYT y recibió la medalla Alfonso Caso de la UNAM al mérito académico. Su trabajo de docencia e investigación se ha concentrado en los campos de la ética aplicada, el cambio cultural, la política pública y participación ciudadana, como catedrático de la UNAM, la Universidad Iberoamericana, el Tecnológico de Monterrey, el Instituto Interamericano de Seguridad Social y la Universidad de Chicago. Fungió como Coordinador de Humanidades y Director de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac. Fue miembro de la Comisión Nacional de Bioética, diseñó el Programa de Transparencia y Rendición de Cuentas de la PGR, y presidió el Diagnóstico Nacional de la Familia realizado por el DIF, el INEGI y la UNAM. Ha sido por dos veces el expositor principal de  las Conferencias Panamericanas del Niño. Su última publicación, Metas, es un reporte independiente sobre el estado de la educación en México, con acento en la distancia entre los resultados de nuestro país y los de otras naciones, así como la necesidad de plantear metas exigentes y lograr los consensos sociales necesarios para alcanzarlas. Escribe colaboraciones para revistas como Educación 2001, AZ, Este País y Nexos y para los diarios de circulación nacional Reforma y El Financiero. Es miembro del Comité Técnico de la prueba ENLACE, consejero del Instituto de Evaluación Educativa de Nuevo León, consejero editorial del portal Educación a Debate y experto del grupo internacional de trabajo convocado por UNESCO para desarrollar el Índice Holístico de Desarrollo Infantil.

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