Uniforme neutro diferenciado: el oxímoron

Escrito por Jeny Farías el 17 Junio 2019. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 101

Publicado en Animal Político 12|6|2019

Escribo esto mientras veo un video de mi pequeña Fabiana gateando en un pañalero blanco hacia una caja llena de juguetes, entre ellos una muñeca, cubos de construcción, un león de plástico, un carro, un teléfono y un pollo de peluche. Su juego consiste en aventar todo agarrando parejo. Se ríe. No sé si lo sabe, pero lo siente: está a salvo. Todavía falta un tiempo, pero queremos para ella una escuela en la que se sienta igual.

La semana pasada la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheimbaum, anunció el uso de uniformes neutros en las escuelas públicas y manifestó: “ La falda no será de uso exclusivo de las niñas y el pantalón no será de uso exclusivo de los niños”.

Bravo. Parecía el comienzo de una cultura en la que la escuela debe ser un espacio seguro de expresión de niños, niñas y jóvenes, en el cual, en lugar de limitar sus libertades, se trabaje en un ambiente de respeto y aceptación de las personalidades y gustos de todas y todos. Desgraciadamente el aplauso no duró mucho y luego de una oleada de comentarios y reclamos de personas que veían la medida como una imposición inmoral, la SEP reculó detallando que el uniforme neutro es sólo para niñas, contradiciendo la esencia del mismo concepto.

Si bien el permitir el uso de pantalón para las niñas atiende principalmente a cuidar de su seguridad e integridad física -pues busca prevenir acoso en la calle, transporte público y hasta durante los juegos en el recreo-, también obedece al respeto al derecho del libre desarrollo de la personalidad, consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en sus artículos 1, 22 y 26. Derecho que no llega con la mayoría de edad, sino que es inherente a todas y todos los individuos desde que nacen. Sin embargo ahora el sexo masculino se ha quedado fuera.

Seguramente y por su incomodidad, las faldas serían poco demandadas por los varones, pero si uno de ellos quisiera usarla debería tenerlo permitido, pues a final de cuentas las prendas de vestir no son más que construcciones sociales modificables que además de cubrir una necesidad básica, si son las adecuadas a las circunstancias de clima, actividades y gustos de cada persona, pueden llegar a hacernos sentir cómodos, a salvo y sobre todo felices. ¿No queremos eso para nuestras niñas y niños? Y, ¿no resulta casi obvio que las y los niños felices aprenden mejor? Más allá de la lógica, la evidencia apunta a que sí. Y es la evidencia también la que nos deja ver que niñas, niños y jóvenes que no lo son, tienden a abandonar la escuela.

Por ello, en lugar de preocuparnos porque niñas y niños pueden ser acosados en razón de sus ropas, o cualquiera otra elección que hagan, deberíamos ocuparnos primero desde la familia y luego desde los centros escolares, en educar con valores suficientes para que esto no suceda. Asimismo, las autoridades deben enfocarse en tomar decisiones públicas no para preservarle su sitio al bravucón, sino para que no los haya.

Acerca del autor

¡Deja un comentario!

Para comentar, escribe tu nombre y correo electrónico,