Una política de Estado para la evaluación del y para el aprendizaje

Escrito por Javier Rojas el 19 Junio 2019. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 120

Publicado en Animal Político 19|6|2019

Este 11 y 12 de junio, la Secretaría de Educación Pública (SEP) aplicó el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA), una prueba estandarizada para monitorear el derecho a aprender de las niñas, niños y jóvenes (NNJ).

 

A casi cuatro años de su primera aplicación (2015), y en la víspera de la ley que establecerá las facultades del organismo que sustituirá al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), conviene reflexionar sobre qué debemos hacer para construir una política de evaluación del aprendizaje más sólida.

Venimos de un sistema que ha privilegiado la evaluación del aprendizaje antes que la evaluación para el aprendizaje. Es decir, de evaluaciones que casi siempre se han concebido como pruebas estandarizadas; que se han concentrado en medir si un alumno alcanza cierto nivel o puntaje (evaluaciones sumativas) en vez de brindarle información para que sepa qué hacer y cómo su familia y maestros pueden apoyarlo para lograr esto (evaluaciones formativas). Estas evaluaciones están, además, desconectadas de lo que pasa en el aula y tampoco llegan a cada escuela y rincón del país, lo que limita cuidar las trayectorias de aprendizaje de las NNJ.

Para consolidar una política de Estado del y para el aprendizaje, hay que fortalecer las capacidades de los agentes comprometidos con el cambio educativo -alumnos, familias, maestros, directores, supervisores y autoridades, organizaciones de la sociedad civil- con cinco elementos.

Un marco normativo es importante porque brinda claridad y certidumbre sobre las responsabilidades de cada actor involucrado en la política de evaluación. Asimismo, ahí también se establecen aspectos nodales para la evaluación, tal y como si la evaluación es un derecho de cada NNJ y la periodicidad con las que se planearán las evaluaciones. A falta de marco normativo claro o de la disposición de cumplir con lo ahí establecido, la aplicación de pruebas como PLANEA puede ser modificada varias veces.

 

Los recursos materiales, económicos y de personal formado o idóneo son necesarios para cumplir con los objetivos planteados. Por eso, si aspiramos a que lo dicho en el papel se haga realidad, las autoridades deben comprometerse a presupuestar recursos suficientes para evitar vaivenes financieros anuales que pongan en riesgo la aplicación o alteren la metodología de una evaluación, afectando así su validez o limitando la comparabilidad de los datos.

Contar con habilidades técnicas y oportunidad para desarrollarlas es necesario para responder con eficacia a las exigencias del contexto y cambio deseado. Por tal motivo, además de asegurar que los integrantes de la Junta Directiva o el Consejo Técnico del Organismo para la Mejora Continua de la Educación (OMCE) las posean, los recursos deben asegurar que los estudiantes y sus familias, los docentes, directores y supervisores, así como las autoridades educativas, desarrollen dichas capacidades para usar los resultados de la evaluación efectivamente.

También debemos avanzar en espacios de participación en los que la evaluación ha recaído en la SEP y el INEE, hacia uno que involucre desde a otras dependencias para dejar de ver a la política educativa desconectada de otras políticas públicas (salud, trabajo y primera infancia) y, al mismo tiempo, uno en el que se involucren todos los agentes de cambio educativo participemos activamente.

Finalmente, para que la información sea útil y la base para la toma de decisiones, la transparencia debe dejarse de concebir como un acto de rendición de cuentas: la información disponible que no se transforma en retroalimentación útil y personalizada en formatos amigables, distintos idiomas y sensibles a las necesidades de las personas con discapacidad, limitará los alcances de la evaluación.

Avanzar en el fortalecimiento de estas capacidades será lo que permitirá echar raíces profundas para resistir los fuertes vientos de cambio que cada sexenio y cambio de gobierno soplan: cambios que ponen en riesgo el disponer de evidencia para cuidar la trayectoria de aprendizaje de cada NNJ.

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