Un primer paso crucial

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 13 Junio 2012. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4165

La evaluación es y será siempre un tema debatido. ¿Sirve para mejorar? Sin duda, pues permite comparar el desempeño actual contra un mínimo esperable o un máximo deseable; y más importante aún, aquilatar lo que se hace y considerar lo que aún falta por hacer. ¿Garantiza que se mejora? No; sólo si la evaluación se emplea para rediseñar, para reforzar, para ofrecer alternativas. Si tomamos una y otra vez muestras de sangre, pero no hay cuidado ni tratamiento, el examen de laboratorio no mejora nunca la condición de salud de nadie. Sólo sirve, y mucho, cuando guía un cambio en el accionar del examinado.

Por ello, es excelente noticia que aun en medio de trifulca y omisiones, con valor de unos funcionarios y cobardía de otros, con un seguimiento intenso de los medios y el apoyo de más de 185 mil ciudadanos, se confirmó hace una semana las dos fechas de realización de la primera parte de la Evaluación Universal de Docentes: el 24 de junio y el 6 de julio, alrededor de medio millón de maestros de primaria tomarán el primer examen.

Si un país no respeta a sus maestros ni defiende a sus niños, cualquier otro campo del desarrollo social queda en entredicho. Una sociedad sin los maestros adecuados es un edificio sin cimientos. Todo niño tiene derecho a contar con un maestro que sea un educador profesional, pues ese servidor público no puede ser un improvisado, un burócrata congelado en el tiempo, alguien que simula o suplanta al auténtico profesional. Todo maestro puede y debe aspirar legítimamente a recibir la capacitación que necesita, según un diagnóstico personalizado.

¿Para qué sirve evaluar a los maestros? Para lo mismo que sirve evaluar a los alumnos: para identificar los avances, para localizar limitaciones, para focalizar la atención y el apoyo que cada uno necesita; para rendir cuentas de los esfuerzos y los logros.

¿Cómo saber qué le falta a cada uno para ser el mejor maestro con el que podemos contar, si todavía las Normales no son, en su enorme mayoría, garantía de una formación sólida y actualizada (en contra del torpe argumento, esgrimido en Chiapas, de que ya están titulados); si todavía toleramos que se vendan o se hereden las plazas (o hasta se confirma oficialmente, en contramarcha a la historia, como en el vergonzoso caso de Guerrero); si el avance de cada maestro en salario y prestigio no se gana en el aula, sino en la marcha y el plantón, o en la comisión sindical o electoral, en una base cotidiana de sometimiento a líderes impresentables y de temor a represalias?

La dilación que se le permitió al SNTE erosionó en parte la confianza; la declaratoria de la SEP y los secretarios de educación de las entidades recupera un pequeño pero crucial terreno de la rectoría del Estado en educación. Sin embargo, el desafío de la Coordinadora se deja pasar como si los niños oaxaqueños, michoacanos o guerrerenses valieran menos que sus hijos, los de los funcionarios. Dejar sin clases a los niños es una violencia más nociva que pintarrajear muros y quemar exámenes, y la teatralidad de las tomas y plantones no nos debe distraer: se invisibiliza el abuso a los menores.

Se entiende la inquietud de los maestros, ante lo confuso de las actitudes y el doblez de las declaraciones de quienes históricamente dicen representarlos. Consterna y ofende el maltrato que reciben. Indigna que sus dirigentes los quieran mantener en una perpetua infancia, que saboteen y retrasen la posibilidad de su crecimiento como especialistas del aprendizaje.

No; la evaluación universal no se reduce a un examen, aunque comienza con uno. No; la evaluación universal no tiene efecto sobre la plaza o prestaciones de los maestros. No; la evaluación universal no es abstracta, considera la variedad regional y de modalidades educativas. No; la evaluación no está armada sobre cursos prefabricados, sino al revés: la oferta de los cursos se ajustará a los resultados del diagnóstico.

Los enemigos de la escuela pública son los que no quieren que sea pública: los que quieren ocultar datos, escamotear revisiones, que no haya metas. Es más, ni siquiera quieren que haya escuela: quieren un Centro de Trabajo, para mercadear las plazas y las incidencias en comisiones mixtas, aunque no haya, techo, piso o bancas. El sindicalismo es fundamental para el desarrollo social y educativo, pero hay que repudiar la irresponsabilidad histórica en la que están colocados, agazapados en un discurso de falso nacionalismo. Es clarísimo que el reproche que hace la ciudadanía es a ellos, al Consejo Ejecutivo Nacional del SNTE, a los dirigentes de la Coordinadora, y no a los maestros que usan de "escudo humano".

Ahora habrá que consolidar una observación social del proceso, y no permitir que un corporativo marrullero y su complemento antisocial secuestren la confianza que ponemos en los maestros de México. Nos tiene que dar, en los hechos, motivos para pensar que a alguien le importan los niños de este país, en un mes de julio en el que aún no votan.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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