Transformación del SNTE

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 05 Marzo 2013. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4643

En los últimos años, desde la sociedad civil hemos insistido sobre la importancia de que el Estado Mexicano recupere la rectoría en la educación ante la pérdida de eficacia y congruencia en la gobernabilidad del sistema educativo, principalmente debido a tres procesos: primero, una captura cada vez más preocupante de las estructuras y un condicionamiento cerrado de las decisiones de la autoridad a manos de las cúpulas sindicales; segundo, una descentralización de los servicios educativos a nivel estatal que no ha evolucionado a favor del aprendizaje; tercero, la falta de suficiente atención a la voz ciudadana en la política educativa.

Es imperativo, para avanzar en la calidad de la educación, que el Ejecutivo sea exigido a activar sus atribuciones y recursos —que recibe de los ciudadanos— y acote la actuación rapaz y de bloqueo de la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), lo mismo que ocurre, en algunos estados, con la cúpula de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la facción disidente del mismo Sindicato.

Lo que corresponda hacer al SNTE con su vida interna es una decisión de sus agremiados, que tal vez como nunca antes podrán optar por continuar con el modelo de pirámide autoritaria y excluyente, o bien transitar a un ejercicio más transparente y democrático.

Lo que corresponde, en cambio, para trazar de nuevo las fronteras en el papel que corresponde a la SEP y el papel legítimo de una representación sindical es una tarea tanto normativa como de implementación de política pública.

Ya no se puede seguir manteniendo el engaño de que pactar con el SNTE es relacionarse con los maestros; aún con el indignante abuso que significan las decenas de miles de comisionados, los cientos de miles de maestros verdaderos son una gran mayoría, con la cual el gobierno federal no ha sabido comunicarse en forma clara y continua.

Para regular la operación del SNTE y acotarlo a sus funciones legítimas, deberá revisarse su marco normativo, pues ha quedado inmerso en un galimatías de contradicciones con el Orden Jurídico Nacional y ausencias reglamentarias, que conspiran contra cualquier intento serio de ejercer la autoridad que los ciudadanos depositan en el Ejecutivo para la función educativa. Esa revisión normativa debe terminar, entre otras cosas, con las contradicciones que se juegan a nivel federal y estatal con respecto a la titularidad de contrato colectivo de trabajo; asegurar la libertad de afiliación de cada maestro; acabar con la retención automática de cuotas sindicales; aplicar a las finanzas sindicales las exigencias de declaración de transparencia para el servicio de administración tributaria que rige a las asociaciones civiles; terminar con la quita inequitativa de impuestos generalizados como ocurre en algunos estados, en los que el gobierno financia la carga impositiva correspondiente al impuesto sobre la renta de los afiliados al SNTE; la lista es larga.

Finalmente, la clave regulatoria para darle al SNTE el lugar que le corresponde es acabar con el dominio de las estructuras sindicales sobre la selección, asignación, promoción, evaluación, pagos y estímulos a los maestros que derivan del sistema de escalafón. El ordenamiento vigente, que data de 1973 y que no fue actualizado según los principios de la Ley General de Educación de 1993 y sus posteriores reformas, correspondió a una etapa en la cual el Estado contrataba trabajadores manuales y los incorporaba por sectores a un partido único; hoy es un marco de opacidad y corrupción, una afrenta a la condición de los maestros como educadores profesionales, pero que ha sido sumamente ventajoso para construir la sofocante omnipresencia sindical que distorsiona la política educativa.

Para desentrañar la parte que corresponde a lo educativo, distinto de lo laboral, deberá establecerse con certeza jurídica en la nueva Ley del Servicio Profesional Docente que la plaza corresponde a cada escuela, mientras que el maestro debe contar con una licencia de servicio profesional sujeta a recertificación periódica, esa sí ligada a los avances de sueldo por su trayectoria, y a los programas de estímulo y reconocimiento que le correspondan por su mérito.

Hay una gran responsabilidad de los legisladores para que el fruto de este cambio valga la pena. La aspiración debe ser concretar un nuevo pacto entre la sociedad y sus maestros, ya no coyuntural y político como fue en el modelo de Estado de partido dominante, sino estructural y verdaderamente educativo, como merece el derecho a aprender de las nuevas generaciones. Es el momento de hacer sentir nuestra cercanía y aprecio a los maestros de verdad, y de concretar un marco de normas sin excepciones ni compromisos, que descolonicen el sistema de los resabios corporativistas. Ya es hora.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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