¿Ser o no ser?

el 29 Julio 2013. Publicado en Claudio X. González - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 5404

El reciente concurso para obtener una plaza magisterial echa luz sobre algo sintomático que está sucediendo en el ámbito educativo en México: a grandes y urgentes retos, respondemos con pequeños y tímidos pasos. Mientras, los niños y jóvenes de México siguen sin recibir la preparación que merecen y a la que tienen derecho.

Desde hace seis años, nacido de un acuerdo entre la SEP y el SNTE, y mediando mucha presión social, se pactó que las plazas magisteriales se entregarían únicamente mediante concurso público abierto entre los aspirantes. El cambio implicaba pasar de un sistema de entrega de plazas con criterios políticos y clientelares, a la instauración de un método más justo y meritocrático. La lógica: sólo con mejores maestros podemos aspirar a una educación de calidad. Implicaba, entre otras cosas, dejar atrás la brutalmente atrasada práctica de la venta y herencia de plazas.

En su momento aplaudimos ese importante paso adelante y seguimos creyendo en su potencial transformador. Sin embargo, como suele suceder en México, hemos hecho las cosas a medias. De nueva cuenta, queremos ser, pero no nos atrevemos.

En la versión 2013 se concursaron alrededor de 12 mil plazas entre más de 140 mil sustentantes. Sin embargo, la simulación volvió a cundir y ello se comprueba por:

1. ¡Se concursaron menos del 50% de la plazas que realmente se liberan año con año! Ello quiere decir que esta pieza de política pública es burlada por más de la mitad del universo a regular. Gobernadores y secretarios de Educación estatales, así como las cúpulas sindicales, mantienen un margen de discrecionalidad enorme para seguir entregando las plazas de manera ilegal y con fines clientelares. Eso lastima profundamente al concurso como mecanismo meritocrático y, por supuesto, a la educación.

2. No hubo concurso en Oaxaca y Michoacán. El mundo al revés. En donde más se necesita que mejore la educación, ahí no se concursan las plazas. El chantaje de la CNTE (secciones XVIII y XXII), verdadera mandamás de la educación en esas entidades, prevalece nuevamente. ¿Y la autoridad? ¿Dónde estaban los gobernadores de esas entidades cuando se perpetró este nuevo atropello? ¿Y el secretario de Educación? No es de sorprender que en esas entidades se sigue practicando la venta y herencia de plazas. Lamentable. Cría cuervos y te sacarán los ojos, dice el dicho. ¿Cuándo va a entender la autoridad que tiene que enfrentar a estos grupos corruptos y corruptores?

3. ¡Sólo se necesita tener un 30% de aciertos en el examen para tener derecho a una plaza! ¡Ridículo! ¿Alguna vez algún niño o joven ha aprobado un examen con 3 de calificación? Sin una cultura de altas expectativas y rigor nunca vamos a tener los maestros de excelencia que nos ayuden a procurar alumnos de excelencia.

4. Algunos de los sustentantes en el concurso son maestros que ya están en servicio pero que aún no tienen plaza o están buscando la segunda plaza. 1,966 de ellos sacaron menos del 30% de los aciertos en el examen. ¿Se atreverá la SEP a retirarlos del aula ahora que tiene evidencia plena de que no son idóneos? Es un reto puntual que le hacemos a la autoridad.

5. Únicamente el 2.5% de los sustentantes obtuvo una calificación alta (más de 1,200 puntos). ¿Qué nos dice eso de la formación inicial de nuestros aspirantes a maestros? Que es paupérrima. Eso lo sabemos hace tiempo. ¿Y qué se ha hecho con las escuelas normales? Nada significativo. De algunas de ellas egresan maestros innovadores y sólidos, pero las más son fábricas de reprobados y grillos que chantajean hasta obtener una plaza en automático, como es el caso de las normales de Michoacán (último lugar en educación en México -¡peor que Oaxaca y Guerrero!).

6. Aunque la reforma al Artículo 3o. Constitucional lo mandata, este concurso no incluyó las plazas de directores y supervisores. Esos son puestos clave en el sistema educativo nacional que hasta ahora han sido controlados por las cúpulas sindicales con el resultado que todos conocemos: un México reprobado o de panzazo. Es crucial que la autoridad recupere esas plazas para el Estado mexicano.

Nos urge una SEP a la altura de la oportunidad histórica que se nos presenta. Lo que se requiere no es administración política de lo educativo, sino transformación a fondo.

Ni la SEP, ni los gobiernos de los estados, ni los mexicanos estamos haciendo la tarea. ¿Quién la paga? Como siempre: nuestros niños y jóvenes.

Una nueva prueba se avecina. La reforma a la legislación secundaria (Ley del Servicio Profesional Docente, Ley del INEE y Ley General de Educación) derivada de la reforma al 3o. Constitucional. Todos (Ejecutivo, Pacto, legisladores, maestros, ciudadanos...) tenemos que estar a la altura del reto que suponen dichas reformas.

¿Ser o no ser? Yo digo, ser. Menos titubeo y más acción. Vayamos a fondo.

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