Participación como educación II

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 29 Julio 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 5036

Hace ocho días comentaba con usted sobre los diversos sentidos y usos de la expresión «participación en educación». Le platicaba de la tendencia a hacer de la invitación, en plan de testigo legitimador o de edecán fotogénico, la forma pública y oficial, el espacio principal de la participación. Deslactosada, descafeinada, con aspartame: café con leche, pero sin leche y sin café, ya ni de perdis azúcar.

La exhuberancia y diligencia para hacer solicitudes de apoyo -dame becas, dame computadoras, pasa mi espot, organízate la kermesse, ven a impermeabilizar la escuela, ármate la cuota extraordinaria para el evento- se convierte en aridez y retraso a la hora de atender a peticiones de información, escuchar iniciativas de evaluación o discutir propuestas de política pública.En esa política del cucurucho (hacia mi conveniencia, gran apertura; hacia tus peticiones, un orifico pequeñito), los actores tradicionales del sistema educativo no reciben con entusiasmo la voluntad de que las discusiones se realicen en público, y con más participantes sentados a la mesa.

Como decía, está bien apoyar, pero no proponer o exigir. Emilio Zebadúa, presidente de la Fundación para la Cultura del Maestro -institución del SNTE-, afirma: "El conducto social (y político) para introducir los cambios anteriores -se refiere a la transformación del sistema de reclutamiento, promoción, evaluación y sanción de los maestros- y establecer una cabeza de playa que auxilie a un segmento del sector privado en la educación -hasta ahora bajo el dominio relativo del gobierno y con la participación dominante de los trabajadores del Estado- es la «participación social»." (Diálogos para la Reforma Educativa, p. 95.)Ahora resulta que la participación en la educación pública es sospechosa de privatización. ¿Será? Mi amiga Maru Linares, heroína de mil batallas del lado del compromiso ciudadano en educación, elocuentemente ha sostenido que la participación es un derecho y es un aprendizaje; la participación es un proceso de educación, una actividad educativa.

Participamos porque formamos parte, porque en cada uno alienta una voluntad de relacionarnos y formar un nosotros mayor a la suma de las individualidades.Hay un riesgo de inversión -de perversión- de la lógica social cuando las agencias del Estado condicionan a los destinatarios de sus acciones. Así como la democracia no se debe a los partidos, la escuela no es de gobierno, sino de la comunidad.

La participación no es lo que la normativa "fundamenta" o "permite", sino un despliegue propio que debe primero reconocerse en la normativa y después tutelarse, defenderse y fomentarse a través de instituciones.En todos los casos, la participación social en educación no debe plantearse como lo que la autoridad nos deja o recomienda, lo que le facilita o complementa sus tareas, lo que legitima o favorece sus programas, sino aquello que los titulares del derecho -las niñas, niños y jóvenes, con la representación o respaldo de sus padres y sus comunidades- tiene como prioridades y aspiraciones legítimas.Así, bajo cualquier arreglo institucional presente o futuro, las comunidades -de padres, de localidades, las OSC y sus redes- han de reservarse la libre iniciativa para buscar interlocución y emplazamiento de las autoridades en todo momento.Regreso a la visión de Maru, y con ella la de las más de 150 organizaciones agrupadas en el Consejo Ciudadano Autónomo por la Educación: la participación social en la educación es un derecho del cual se deberían desprender beneficios para todos los participantes.

Así, la participación social no es más que otra oportunidad de aprendizaje y desarrollo, una estrategia para fortalecer la democracia, una manera de ejercer y ejercitar la ciudadanía.La política de participación debe ser inclusiva y no verse sólo como instrumento para el logro de metas gubernamentales, sino como una vía para el desarrollo y el "empoderamiento" de los miembros, de las instancias de participación y de toda la comunidad educativa.Consideramos indispensable el diseño de una «política de participación social» amplia, que vaya más allá del actual mecanismo, y que incluya diversos espacios para el diálogo y la deliberación sobre los temas centrales de la educación.La participación como educación, educarnos a participar necesita de un ejercicio constante. ¿Quiere usted participar?

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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