Para una educación incluyente, una infraestructura con el mismo adjetivo

Escrito por PABLO VELÁZQUEZ el 11 Mayo 2017. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 551

Publicado en El Financiero 11|5|2017

Las escuelas en México adolecen de una infraestructura educativa lista para incluir a todas y todos los alumnos. El espacio físico de una escuela no son simplemente las paredes y los pisos del inmueble; debe fomentar en sí mismo la presencia, el aprendizaje y la participación de las personas. Si usted visita una escuela en México observará que –salvo raras excepciones- le falta algo a la infraestructura o equipamiento. Si los alumnos tienen pupitres, puede ser que los sanitarios se encuentren en malas condiciones. Si la escuela tiene pupitres y sanitarios, es probable que sus paredes, techos o vidrios necesiten mantenimiento. Si usted encuentra una escuela que tenga pupitres, sanitarios e instalaciones adecuadas, es casi seguro que le falte una biblioteca o algún área recreativa.

No es un problema nuevo y ha persistido durante varias décadas. Entre los retos que más enfrentan los estudiantes en términos de infraestructura educativa para la inclusión se encuentran:

• Accesibilidad: La primer barrera para que alumnos y maestros estén en la escuela es la distancia y el camino para llegar a ella. No todas las niñas y niños cuentan con un centro escolar ubicado a una distancia razonable o con mecanismos de traslado para facilitar su llegada. En 2013, más de 40,000 estudiantes de educación básica tardaban más de dos horas en llegar a su escuela (SEP/INEGI, 2013). Esto es particularmente difícil para las niñas, quienes ven limitadas sus posibilidades de acudir a la escuela cuando ésta se encuentra lejos (UNGEI, 2014).

• Servicios básicos: Una segunda barrera para estar, aprender y participar en la escuela se encuentra en la falta de servicios básicos.

Existen al menos 81 mil escuelas en México que carecen de algún servicio básico: luz, agua, sanitarios, drenaje. Más grave aún, en 2,248 escuelas públicas las niñas, niños y jóvenes no encuentran ninguno de estos servicios. NINGUNO. Si niñas y niños acuden a un inmueble que no cuenta con sanitario, la probabilidad de abandono aumenta, especialmente en niñas (Adukia, 2016).

• Condiciones adecuadas para personas en condición de discapacidad: Hoy en día, sólo 1 de 4 inmuebles públicos escolares cuenta con rampas de acceso para personas en condición de discapacidad móvil.

¿Cuántas escuelas cuentan con letreros para personas con discapacidad visual o herramientas para personas con discapacidad auditiva? Sobre esto y otras necesidades, ni siquiera tenemos datos. No se logrará el cometido de la inclusión plena de las personas en condición de discapacidad si no se cambian las condiciones materiales de las escuelas (UNICEF, 2013).

• Espacios para un aprendizaje integral: La escuela no es una cárcel, sino un espacio de descubrimiento, que invite a averiguar, a curiosear. A pesar de ello, en 4 de cada 10 inmuebles escolares públicos no existe ningún espacio recreativo para los estudiantes. El juego apoya el proceso para dominar las habilidades de índole más formal como el sentido de la colaboración, empatía, respeto y compartir; por tanto es indispensable contar con estos espacios (UNICEF, 2004).

La actual administración federal ha impulsado los dos programas más ambiciosos en los últimos veinte años en términos de mejora para la infraestructura escolar: Programa de la Reforma Educativa y Escuelas al CIEN. Sin embargo, para asegurar que la infraestructura contribuya a alcanzar una educación incluyente, es importante considerar cuatro aspectos:

• Un piso mínimo para todas las escuelas: Dejar de asignar claves de escuelas a espacios abiertos que no cuentan con una infraestructura mínima. No más escuelas sin baños, agua, drenaje y luz.

• Priorizar las escuelas más necesitadas: Todas las escuelas necesitan algo, pero hay algunas que necesitan más y de manera urgente. Para ello, es necesario actualizar los diagnósticos de infraestructura al finalizar cada ciclo escolar y vigilar que el recurso sea canalizado a donde más se requiere.

• Flexibilidad en las aulas de clase: Concebir la ubicación de pupitres y de espacios como medidas de control y disciplina desincentivan la participación e imaginación de los alumnos. Debemos dar libertad a los alumnos y maestros a decidir su espacio.

• Evaluar los programas de infraestructura y equipamiento escolar: Mientras sigamos impulsando nuevos programas sin evaluar el impacto que tienen en la presencia, el aprendizaje y la participación de los alumnos, seguiremos en la oscuridad para decidir qué funciona, qué debemos cambiar, y que no debe seguir consumiendo el escaso recurso público.

La mejora de la infraestructura educativa de las 229 mil escuelas públicas del país es una batalla de largo aliento. En ella, debemos involucrarnos la comunidad escolar, los docentes, las autoridades y los alumnos. Las escuelas no deben limitarse a contar con paredes y concreto; deben ser espacios para que los alumnos estén, aprendan y participen siempre. Esto no sólo es un deseo bien intencionado: es justicia elemental.

Si desea conocer más, puede consultar el estudio Tod@s en todos.mexicanosprimero.org

 

Acerca del autor

PABLO VELÁZQUEZ

Soy Investigador en Mexicanos Primero

Maestro en Política Pública por la Universidad de Míchigan e Ingeniero Industrial y de Sistemas por el Tecnológico de Monterrey. Mi interés sobre política educativa se centra en inversión, gasto gubernamental y resultados académicos de los estudiantes.

He fungido como tutor de alumnos de maestría en materias como cálculo y microeconomía. Serví como Subdirector de Delegaciones del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos. Soy un creyente que la educación mejora nuestro entorno y cambia positivamente a las personas.

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