Mi maestro si está... ¿y los comisionados?

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 03 Noviembre 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4875

El pasado 28 de octubre, las 32 organizaciones que integramos la iniciativa “¿Dónde está mi maestro?” realizamos un taller para la prensa acerca de los avances para contar con un registro nacional de maestros. La nota se la llevó la aparición de 7mil comisionados adicionales que los originalmente mencionados el 1º de agosto, pero hay mucho más para reflexionar.

¿Por qué causa tanto debate el tema de los comisionados? Porque cubre una serie de prácticas que son contradictorias con la transparencia en la gestión. Una comisión es un encargo en el que se deja la asignación original y, por un tiempo determinado, se realiza una función diferente a aquella por la que ha sido contratado. Ayuda precisar tres puntos: a)¿La comisión está justificada en la normativa vigente?, b) ¿La comisión está justificada como solución a una dificultad? c) ¿La comisión está justificada como componente regular del sistema? Si hay pocos o muchos comisionados, el asunto puede discutirse por su fundamento legal, por su eficiencia y por su eficacia.

¿Todos los comisionados que hay en las 32 entidades tienen sus nombramientos en regla? Difícil saberlo, porque esa verificación implicaría una revisión documental oficio por oficio. Las comisiones, para que sean legales, deben quedar registradas oficialmente, son autorizadas o reciben acuse por parte de un funcionario, con fundamento en el marco jurídico.

Digamos que todos los comisionados actuales pasan ese primer filtro. Aunque sea legal, una comisión puede no venir al caso porque no resuelve el problema. Por ejemplo, si se debe comisionar a un maestro para que estudie, es decir, autorizarle que se ausente del aula y se active una suplencia porque volverá con capacidades ampliadas y nuevos bríos, hay que hacer el cálculo de un doble costo: el sueldo del suplente y el sueldo del maestro que está estudiando; costo que puede ser triple, porque puede ser beneficiario de una beca en el sentido literal, es decir, que se le abone los costes de colegiatura, inscripción, etc. Todo ello puede ser muy adecuado, pues permitirá en teoría tener mejores maestros, educadores actualizados que permitirán logros de aprendizaje mayores a los actuales. ¿Y alguien comprueba que así ocurre?

Otro ejemplo: hay comisionados que se separan de sus tareas docentes para fungir como gestores de las prestaciones de sus compañeros: jubilaciones, créditos, servicios médicos, etcétera. ¿Por qué sería necesario sacar a alguien del salón para eso? ¿acaso las instituciones encargadas de atender a los derechohabientes maestros no deberían funcionar por sí mismas? Análogo al caso anterior, resulta que podríamos, los contribuyentes, estar pagando tres veces: por el suplente, por el maestro titular y por la falta de experiencia o de preparación específica de éste último, cuando debiera haber el número suficiente de funcionarios con la preparación específica para asegurar que fluyen sin contratiempo las legítimas prestaciones de los maestros.

¿Son efectivas las comisiones? Dos casos claman al cielo. Hay muchos directores que, en lugar de recibir su nombramiento en forma, son comisionados. Sueldo de docente, responsabilidad de director; en muchos casos, ambas responsabilidades: conservan carga horaria frente a grupo y además deben llevar el papeleo y la variedad de reuniones de un director. Y la clave, es decir, el cambio definitivo de asignación en toda forma se pospone, no llega: “ya merito; haz mérito; no nos lo autorizan; es que no hay dinero”. Algo paralelo ocurre con muchos ATPs: con una condición que no se sabe si es temporal o permanente, y aún el más entusiasta pasa por el desgaste de no saber si se empeña a fondo (¿tiene caso, si al ciclo siguiente te regresarán a la escuela de origen?) o quedarse en un limbo expectante; da igual –parece- si la nueva labor se abraza con pasión o se deja al “ahí se va”.

Además de que muchos funcionen como agentes de operación política, puede sencillamente ser ineficiente e ineficaz tener comisionados. Los privilegiados con comisiones no educativas son una minoría; sus compañeros que se aplican al aula no buscan ni desean un mecanismo de ventaja que no va con su vocación de educadores. En cambio, los que tienen comisiones de verdad educativas están a un paso del colapso. Se equivocan los que dicen que se deteriora la imagen del maestro con transparentar las comisiones: más bien se aclara que funcionarios y líderes no respetan, en muchos casos, la dignidad docente.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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