La promesa de la escuela I

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 02 Septiembre 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4930

Apenas comenzamos el ciclo escolar y conviene hacer cuentas hacia delante. Me ha tocado conversar con mamás de niñas y niños que dejaron las seguridades del preescolar, un ancha playa en la que se podían hacer castillos y jugar a la pelota, y ahora navegan por el picado mar de los primeros días en primaria.

Ya sabemos que los niños vienen sin instructivo, y que la paternidad y maternidad tienen todavía mucho de aprendizaje salvaje e intuitivo, de "tanteómetro", ensayo y error o "acercamientos sucesivos". Nadie nos prepara para ser padres, tenemos sólo el antecedente de los nuestros, y la verdad, a veces caemos en la contradicción: lo último que queríamos era actuar como ellos, y frecuentemente es lo primero que nos brota como reacción. No vendría mal, sin embargo, como en grupo de autoayuda, pasarnos tips sobre lo que suele ocurrir en estas primeras semanas de transición. No es raro que olviden la mochila. No es extraño que tengan miedo de la maestra, o les dé pena pedir permiso para ir al baño. Pasa que, mientras en el kínder el saludo era un apretón agitado de manos o un abrazo, el compañerito nuevo se presentó con una mordida: se nos quedó grabado, pero en el brazo. En fin, no es extraño que, al borde del llanto, la niña pregunte: "¿Y por qué tenemos que ir a la escuela?"

Respondámonos en serio: porque suponemos que es bueno. Tenemos que ir porque es obligatorio -señala la Constitución- y porque trae muchos beneficios -demuestra la investigación-. Y es cierto: hay evidencia masiva y continuada de todos los beneficios que arroja la escolarización: desde mejor empleo hasta mejor salud, desde mayor socialización hasta lograr la capacidad de participar, es decir, de actuar para cambiar mis propias condiciones de vida.

¿Y entonces por qué se da la deserción? ¿Por qué alguien rechazaría el bien que representa la inversión tan favorable que nos da permanecer en la escuela? La mayoría de los estudios en el pasado se concentraron en dos líneas explicativas básicas: a) alguien se va de la escuela porque no alcanza a responder a sus exigencias y/o b) alguien se va de la escuela por los costos de oportunidad.

En los enfoques autoritarios, el que se va tiene la culpa, y casi mejor que no esté. No es que simplemente dejó de ir: lo que pasa es que "no podía" con la escuela, no se adaptó; lo expulsaron o se cortó por sí mismo, ya se (re)ubicó. En los años recientes se retomó el buen sentido: es cierto que no toda persona está en condiciones de cursar exitosamente todo programa, pero ¿la educación básica? ¿Acaso no es un derecho? Es difícil que hoy alguien justifique ese abandono en términos de capacidades, pues es de elemental lógica concluir que un sistema de educación básica debe adaptarse a las condiciones de los alumnos, y no al revés. Si alguien deserta en básica es porque el sistema es el incapaz: no detecta necesidades, no compensa o ajusta, no previene ni adapta.

La otra línea, que es complementaria, usa el modelo de la economía en el que se afirma, literalmente, que nada es gratis. Es decir, toda transferencia de beneficios conlleva al menos ponerse donde pasa lo que puedo tomar, y ese primer movimiento tiene su costo. El "costo de oportunidad" se refiere a que uno persevera en decisiones no por virtuoso u ordenado, sino porque hay ganancia (real o sólo percibida); cuando la ganancia no compensa el costo, o cuando puedo obtener ese mismo beneficio con una inversión menor, me voy a cambiar de compañía. El que deserta, según este modelo, es porque él o sus padres no pueden seguir pagando el costo de ir a la escuela.

Aunque el acceso mismo sea gratuito -y no entremos esta vez al tema de las "cuotas voluntarias"- pudiera ser que en el presupuesto familiar ya no hubiera para el transporte, o el uniforme, o los útiles o de plano, a veces, para el desayuno. El que estudia está siendo "financiado" porque, en su presente, el esfuerzo de estudiar es un trabajo pero no genera una contraprestación, pago o salario económico inmediato. Por más que se vea como inversión, pudiera ocurrir que ese primer pago, esa "entrada a la bolsa" fuese costosa, más de lo que una familia se puede permitir en un momento dado.

Se ha ido documentando una tercera línea, en la que la deserción también se explica por un desánimo de entrada: antes del evento del fracaso escolar y no ligado directamente a un desajuste económico actual, algunos se van de la escuela; en cierto sentido, ya no creen en la promesa de la escuela. Continuaré en un próximo artículo.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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