Justicia 2

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 15 Octubre 2019. Publicado en Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 136

Publicado en Reforma 12.10.2019

La Suprema Corte dictará una sentencia crucial este próximo miércoles. Será paradigmática, porque se refiere a un caso concreto pero tiene implicaciones para todo el sistema educativo –y social- de México.

“No hay escuela para tu hija”. Imaginemos cada uno de nosotros qué significaría que nos dijeran eso. No en abstracto: con nuestra hija queridísima de la mano, y precisamente delante del edificio de la escuela, el responsable nos dice que para ella no. Aunque es la escuela pública del pueblo, a donde van los niños de la edad de nuestra hija, a la que van sus hermanas. Pero para ella, no. Porque no es para todos la escuela. Para ella, no.

Citlali nació hace nueve años, en una pequeña localidad rural, alejada de las rutas principales, en marginación. Ella, su familia, la comunidad son parte de una de las muchas etnias en nuestro país. Le detectaron, tardíamente, Síndrome de Down. Se sabe –en los libros, en la ciudad- que esa condición es un pequeño trastorno genético, y que puede ocurrir en cualquier estrato de población. Sobrellevando el pesar de encontrar retraso en el desarrollo –para sostener la cabeza, para caminar- la familia de Citlali se arriesgó a confiar en los becarios que llegaron, inesperados, de uno de los Institutos de Salud. Por cierto, con los recortes, ya no llegan más a su zona.

Ayudaron a la familia a comprender la condición de Citali: puede, con el apoyo debido, hacer una vida plena. No hay que tapar su carita, porque no es ninguna vergüenza su aspecto. Hay que hacer ejercicios en casa, hay que activar su atención y concentración. Y aprendió a comer. Y aprendió a caminar. Y aprendió a hablar. Y tiene una sonrisa que desarma.

Llegó, no sin complicaciones, al preescolar. Y el juego, y las canciones y aprender a colorear fueron parte de su vida. Pero lo que sigue, a pesar de estar contemplado en la Constitución y las leyes, se le negó. En la primaria le dijeron a Jaime, su padre, que no la podía inscribir, porque para la modalidad indígena no hay apoyos para aceptar niños con discapacidad.

Lo que los especialistas llaman “interseccionalidad” es un término complicado, pero nada como la zozobra real que experimentaron Citlali y su familia. Le tocó mala tarde –aunque nació de mañana: es mala idea nacer mujer, indígena, con una condición de discapacidad y, encima, pobre. Tal vez dos de esos rasgos podemos atender, les dijo el sistema. Pero todo, no. Para ella, no.

Hay educación indígena o para indígenas, pero no se contempla que tenga los apoyos pedagógicos para la discapacidad. Al fin, ¿quién los ve? No lo creíamos cuando nos conocimos y verificamos la situación. Con un grupo de abogados, acompañamos a la familia a interponer un amparo. Ha sido un larguísimo camino, con victorias intermedias para Citlali. Primero, aceptaron que fuera al plantel, pero sin inscripción. Después, la “suspensión” del juez obligó a las autoridades de su estado a que quedase inscrita. Luego, a que se pusieran medidas mínimas: ajustes menores en la infraestructura –hay todavía una zanja, peligrosa no sólo para Citlali, sino para cualquiera de sus compañeros- y la obligación de que la autoridad educativa designara un maestro “sombra”, un acompañante para facilitar la interacción de Citlali con el ritmo del grupo de su –ahora sí, “su” de ella- primaria.

Ya va en cuarto de primaria. Pero las autoridades estatales y federales han hecho toda clase de explicaciones para justificar por qué no se puede atender la discapacidad en contexto indígena. Quedarán algunas páginas de memoria vergonzosa. Para ella no, porque para ellos no. El desenlace está próximo, y sabremos si en pleno siglo XXI, en México no se puede ser indígena y tener una condición de discapacidad al mismo tiempo, porque entonces la escuela no es para ti. Y ser mujer y pobre traerá nueva vulneración si quedas analfabeta por designio. Ahora que la SEP tiene que presentar una Estrategia Nacional de Inclusión por mandato constitucional, bien haría en mirar este caso. Veremos si la Justicia es Inclusión. Para ella, sí; eso decimos.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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