Evaluación y consecuencias

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 08 Julio 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 5060

Una de las discusiones que recientemente se ha desatado es que, en una especie de ley del péndulo, hace algunos años se exigía, desde el ambiente académico o desde la sociedad civil, que hubiera evaluaciones y que sus resultados se revelaran; ahora nos encontramos con voces que dicen que ya hay demasiadas evaluaciones, que estamos sobreevaluando, que la evaluación no se usa, que es reiterativa o que lastima la autoestima. Pero para saber de qué sirve evaluar, hay que regresar a la pregunta básica: para qué evaluamos, para qué educamos y para qué nos educamos.

¿Para qué evaluamos? Evaluamos para corregir, ya sea el rumbo o el punto de partida, al menos en expectativas; evaluamos para rediseñar. Si se había pensado en una serie de intervenciones, tal vez éstas cambian en su orden o en su intensidad. Evaluamos para convocar, para decir qué está faltando. La evaluación sirve para revocar, y debiera servir cada vez más para revocar asignaciones en torno a los servicios educativos.

Estamos acostumbrados a que el sistema escolarizado tenga algo llamado "reprobación", y ésta es una forma de revocación. No sé si hoy en día alguien se escandaliza con la idea de reprobar, pero todos los días alguien está recibiendo calificaciones no aprobatorias respecto a un curso. Ahí se está revocando aquella perspectiva de un trayecto interrumpido.

Esta revocación, o el poder de la evaluación para identificar revocaciones, es uno de los temas políticamente incorrectos en cuanto a evaluación se refiere, pero es uno de los temas que, a fuerza de ser honestos, se debe revisar, ya que la evaluación sirve para formar. Ése es, por supuesto, su principal motivo.

Si la evaluación no es un aprendizaje, ciertamente peca de irrelevante o de intrascendente. Tiene que servir para aprender, y cuando se aprende se corrige, se renuevan las fortalezas y se van reduciendo las debilidades. Si después de la evaluación no se toman las decisiones correctas, la evaluación está siendo superficial o innecesaria; sin embargo, lo que la hace necesaria son los usos que de ella se hacen. No va a haber mejoras si no hay evaluación, porque no se sabría qué es lo que hay que mejorar, sobre todo cuando estamos hablando de sistemas educativos complejos, como los sistemas nacionales.

Evidentemente hay tipos de evaluaciones diferenciados. Están las evaluaciones de diagnóstico, que permiten establecer líneas de base para identificar las fortalezas y las debilidades necesarias para la pertinencia o la eficiencia de tal o cual intervención educativa. Hay también evaluaciones a las que llamo resolutivas, porque identifican el avance y la velocidad de éste, la eficacia y el impacto.

Las evaluaciones de diagnóstico no pueden sustituir a las resolutivas, ni las resolutivas a las de diagnóstico; es más, por lógica, no puede haber evaluación resolutiva si no hay antes evaluación de diagnóstico.

Sin embargo, el punto crítico es: ¿se pueden evaluar escuelas y personas? La respuesta es: sí se pueden y se deben evaluar escuelas y personas, pero de manera correcta. Vivimos en un país que todavía tiene horror a la posibilidad de identificar la responsabilidad. Por ejemplo, los funcionarios en México son pudorosas jovencitas a las que no se les puede tocar ni con el pétalo de un ranking.

¿El ranking es un ordenamiento matemático y, como todo ordenamiento matemático, es burdo y es, para empezar, una perspectiva y no un contenido? Sí, siempre es así: un ranking nunca va a ser un contenido, es una perspectiva. No obstante, tiene sentido por la sencilla razón de que a nadie le gusta estar al fondo.

Pero, si los incentivos van a sustituir a los motivos, se está en graves problemas. Calificar a las instituciones y a los funcionarios con los ranking no necesariamente va a llevar a soluciones definitivas, pero en un momento dado en el que los motivos no son claros, el ranking es un mecanismo de presencia y de exigencia social que tiene su propio valor.

Así, discrepando de los ortodoxos en temas de evaluación que imaginan que no puede haber nunca una evaluación de colectivos o que no debe hacerse una evaluación educativa de individuos, me manifiesto en contra porque esa negativa a hacer las evaluaciones correspondientes lleva como carga adicional el que no puedan establecerse las responsabilidades de cada quien.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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