El tema educativo no se queda en la escuela

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 17 Diciembre 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4365

La llegada de la época navideña trae consigo la sensación de un alto índice de inseguridad, por lo que cada uno de nosotros tomamos las debidas precauciones en este tiempo: procuramos salir más temprano del trabajo, estar atentos con el bolso o la cartera cuando subimos al transporte público o cuando caminamos por la calle.


Ya nos acostumbramos a cambiar en "automático" algunos hábitos cotidianos con el fin de minimizar riesgos de amenazas a la seguridad personal; peor aún, también hemos caído en el conformismo de vivir en un México en el que diariamente nuestra paz social es sacudida.

Para mejorar la situación de fondo y de manera permanente debemos comenzar con una mejor educación para todos. Efectivamente, hay un vínculo muy claro entre la baja escolaridad con la criminalidad.

El hecho que los niños o jóvenes no estén en la escuela, fácilmente los convierte en carne de cañón para el crimen. Si uno analiza la escolaridad de los internos en el sistema penal mexicano, no es sorpresa que muchos de ellos, la gran mayoría, tienen ciclos interrumpidos de educación básica; es decir, casi nadie cuenta con la primaria o secundaria terminada.

Y si uno sigue sus historias de vida, se encuentra un patrón frecuente: con pocos años de escolaridad de calidad deficiente, uno de cada tres internos comenzó a trabajar antes de cumplir 12 años y uno de cada dos antes de cumplir 15 años. Sin embargo, debo aclarar que no es la falta de trabajo, sino su mala paga lo que pudo haberlos inducido a la delincuencia, y no se trata de que aquellas personas que se salen de la escuela se vuelvan criminales, más bien que, como lo ha expresado Carlos Elizondo, quienes están en nuestras cárceles son los pobres, los pobres por robo simple, que no tienen abogados, que desconocen sus derechos y que no tuvieron ningún recurso para defenderse.

Éste es un primer acercamiento a cómo la falta de educación se adensa en dificultades y riesgos para la seguridad pública, pero sobre todo de cómo aquellas personas con menor escolaridad están expuestas a la victimización frecuente. ¿Por qué? Porque no pueden pagar seguridad adicional. ¿Por qué? Porque no conocen sus derechos. ¿Por qué? Porque se encuentran con que el sistema que es corrupto, y en muchas de las ocasiones los victimiza doblemente; si denuncian se convierten en una nueva situación de extorsión; si se acercan a los agentes del orden, de nuevo se convierte eso en debilidad.

Además, niños y jóvenes que no están en la escuela son especialmente propensos al abuso y al maltrato, o bien se enlistan con el crimen organizado. Los operadores que manejan el último eslabón en el transporte y distribución de droga, y los que conforman directamente el poder de fuego de las organizaciones criminales, son personas menos educadas. De los diez mil ejecutados que van este año en la guerra contra el narcotráfico, 16 por ciento tienen entre 15 y 19 años.

Una última fuente de preocupación es que la baja escolaridad de los mismos soldados, policías y custodios hace que sobre la seguridad pública pese la sombra de la ineficiencia, la corrupción y hasta la complicidad. Según la Auditoría Superior de la Federación, 70 por ciento de los policías federales, municipales y custodios en el país no concluyeron la secundaria, y casi uno de cada cinco no concluyó la primaria. Es inquietantemente común que, aunado a los bajos sueldos y las pocas oportunidades de formación continua y significativa, puedan llegar a realizar prácticas de extorsión y corrupción.

Bastan algunos datos para darnos cuenta que las consecuencias de una falta de calidad educativa van más allá de la escuela y que son evidentes en el tema de la seguridad pública y del Estado de derecho: inseguridad, corrupción, impunidad, reclutamiento al crimen y prevalencia de la violencia. La educación es algo demasiado importante como para desentendernos como ciudadanos.

Estamos muy lejos de lo que podríamos alcanzar pero merecemos saber también que el cambio es posible y que en nuestro país hay abundante talento y compromiso; cada vez que pensemos en las dificultades de cambiar y generar mejores resultados educativos en México, pensemos en las consecuencias que hoy padecemos, así como en el futuro que nos aguarda si no mejoramos.

Los cambios que se requieren para legarle calidad educativa a los mexicanos llevarán tiempo. Más razón para empezar ya. Si no nos atrevemos a hacer los cambios hoy, ponemos en riesgo el futuro de nuestros jóvenes y con ello el futuro de México.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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