El maestro al centro

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 10 Marzo 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4465

No, no es un pronóstico de marcha en Morelia. Es lo que confirma una y otra vez la evidencia internacional. Tal vez como nunca antes en la historia, las naciones están preocupadas por su educación pública, porque queda cada vez más claro que el nivel de desarrollo depende del nivel de educación, y el maestro está –debiera estar- al centro. “La educación encierra un tesoro”, se titula el también llamado Informe Delors que marcó, hace ya una década, una gran atención hacia los propósitos de la educación. Ahora nos hace falta escribir el informe que se llame “Y la llave son las maestras y maestros”.

Lo que tienen en común los grandes avances económicos y sociales de un país o de una región es que fueron anticipados por una reforma educativa exitosa. Me explico: países que se “volvieron ricos” de la noche a la mañana, por descubrimientos de recursos naturales como petróleo, diamantes o algún cultivo de gran consumo, normalmente tuvieron también un declive rápido. Fueron como cohete de pueblo: muy vistoso y retumbante, deslumbra por un rato muy breve, y luego regresa al suelo muy quemado. En cambio, los países que brincan a las ligas mayores y ahí se quedan, se distinguen porque 15 ó 20 años antes le invirtieron fuerte a su mejor recurso, que son las personas. No hay “milagros económicos”; hay esfuerzo educativo visionario. Así pasó con Corea, Singapur y Finlandia, así pasa con Irlanda, China y Polonia, así –parece- está comenzando a ocurrir con India y Brasil.

Y no sólo es cuestión de dinero, sino también de justicia. La educación pública es el ecualizador por excelencia, el sistema que más rápido cierra las diferencias de oportunidades. Si se cumple progresivamente la promesa de educación para todos, cae la criminalidad, la informalidad, la corrupción y el abuso de autoridad. Gente más educada es claramente mejor ciudadano, más colaborativo, más exigente.

Así que la regla es: mejor educación, mejor vida. Conste que escribí “mejor educación” y no sólo “más educación”. Así como hay patanes e ineptos con doctorado, así también hay países con niveles de escolarización más o menos altos, pero que no producen los efectos positivos que se esperaba de ellos. ¿Y eso por qué? Porque no basta la cantidad de educación; además de un umbral mínimo de años de escolarización, se necesita que la educación sea de calidad.

¿Y ahí por dónde empezamos? Hay un excelente estudio que se llama “¿Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos?”, que con toda la fuerza de los datos demuestra que el factor clave son los maestros, es decir, el compromiso de los maestros y la calidad de su práctica docente. Usted me dirá: “¡Eso ya lo sabíamos!” y yo le contestaré: “¡Claro! La diferencia es que ahora ya no hay pretexto…”.
 
Los maestros vuelven al centro. No es el currículum (aunque ayuda), no son los libros de texto (aunque sirven), menos las tecnologías de la educación (aunque complementan de maravilla).  La clave de la calidad educativa son los maestros. Ya lo sabíamos, pero se nos olvidó. Ya lo sabíamos, pero nos dejamos arrastrar por la moda. Ya lo sabíamos, pero bajamos la guardia. Ya lo sabíamos, pero permitimos que una cúpula gremial con ventajas políticas condicione la carrera de los maestros. 
 
¿Cómo es un buen maestro? Esa pregunta es crucial; y luego sigue otra igual de importante: ¿Y cómo se llega a ser buen maestro? Un buen maestro es una persona con capacidades y actitudes desarrolladas consciente y sólidamente para aplicarlas a la finalidad de su trabajo: el aprendizaje de sus alumnos. Un buen maestro es quien sabe –lo sabe en teoría, pero también lo acepta de corazón- que no hay dificultades de aprendizaje en sí mismas, sino limitaciones de enseñanza. Dice Andreas Schleicher, el responsable mundial de PISA: Un buen maestro es quien domina currículum, evaluación y formas reglamentarias de enseñanza, pero las puentea y adapta para que sirvan a las posibilidades y necesidades de sus alumnos concretos. Dice Denise Vaillant, la experta en docencia de PREAL: Un buen maestro es quien desarrolla y alimenta una vocación original, que no elige la docencia por descarte, como una forma de esquivar otras carreras profesionales que son más exigentes. ¿Y usted qué dice? ¿Qué es lo que define a un buen maestro? Yo le tengo una propuesta, que le compartiré en el próximo artículo. Pero ahora lo dejo con dos cosas: el maestro vuelve al centro, y nos urge saber cómo es y cómo se llega a ser un buen maestro.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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