El desafío de las brechas en educación

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 12 Enero 2011. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 8567

En nuestro país, más allá de la retórica del pretexto y la justificación, a pesar de las contorsiones de los que piensan que sólo los finlandeses se la merecen o se la pueden proponer, la calidad educativa es una exigencia  que cada vez toma mayor fuerza en la sociedad. Hay el claro deseo de avanzar en las políticas educativas y de reforzar el derecho al acceso y logro de aprendizajes para la vida. Pero hoy, honestamente, los resultados educativos indican que aún la mediocridad es privilegio.

La calidad educativa tiene muchos ángulos, pero el logro de los aprendizajes es imprescindible. Los resultados de evaluaciones nacionales e internacionales arrojan porcentajes de logro por debajo del básico o insuficiente para las mayorías. Sólo 62 de cada 100 alumnos acaban la primaria en los seis años previstos; 3 se pierden en el paso de primaria a secundaria; este nivel es completado en los tres años previstos por sólo 45 de los 100 inscritos; el resultado: menos de la mitad de los mexicanos tienen la esperanza de estar en preparatoria a los 15 años.

Estas cifras deben alertarnos, como padres de familia, maestros, alumnos y sociedad; las generaciones llegan diezmadas a la mitad en cuanto a su trayectoria escolar para iniciar el bachillerato. Sin un cambio profundo en las actitudes, en los agentes y en reglas del sistema, los resultados tendrán sólo avances marginales en el tiempo.
 
En México, esta diferencia se refleja en las “brechas educativas”. Las brechas son las brutales diferencias en el acceso, trayectoria, egreso y resultados educativos entre distintos grupos de población; es preocupante la exclusión o aislamiento de determinadas personas, y la desventaja, fragilidad y daño que les aqueja debido a la dimensión y persistencia de esta segmentación.
 
Si bien las brechas son padecidas directamente por aquellos que reciben o alcanzan los beneficios menores, también a partir de esos resquicios la seguridad y el bienestar general quedan en riesgo: a través de cada brecha se pierden bienes colectivos y se presentan consecuencias estructurales negativas que limitan al conjunto entero; en nuestro caso, a todos los mexicanos.
 
Las brechas separan a las mayorías de  la posibilidad de alcanzar trayectorias educativas completas y exitosas; serán sólo una minoría quienes disfrutarán de ello. En México uno de cada cuatro estudiantes puede aspirar a completar doce años de escolaridad. Las consecuencias son desastrosas, en términos de desarrollo, justicia y prosperidad. La posibilidad de salud, de empleo digno e ingreso, de seguridad personal y patrimonial y de participación activa como ciudadano es un confín que pocos remontan si parten de un Capital Social (o Cultural, para usar mejor la terminología del INEE) reducido. Aquí reside lo ofensivo de la estrategia del pretexto, manejada por voceros oficiales y sindicales: si los resultados de la escuela se explican por el Capital de cada niño, eso no significa, como pretenden, que la crítica al sistema es injusta, sino que el sistema no es efectivo como mecanismo de equidad.
 
Están también las brechas que separan los estratos educativos: la pertenencia étnica (indígena o no), la densidad y aislamiento de población (que define la diferencia entre escuela urbana y rural), la modalidad (que diferencia, por ejemplo, la secundaria general de la telesecundaria) y el sostenimiento (público o privado).
 
Las brechas se revelan cuando se muestra que, a pesar de que la deficiencia sea estructural y cruza todo el sistema, las fallas se acumulan en determinadas regiones y modalidades.  Los sistemas que aspiran a la cobertura universal, y tal es el mandato de la educación básica en México, necesitan de procedimientos regulares y generales, de un corpus mínimo de respuestas predeterminadas. Pero también, y ello es igualmente importante, un sistema inteligente tiene previstas condiciones de arranque diversificadas.
 
En el proceso educativo, además de las comprensibles e irreductibles diferencias individuales de cada niño, hay un repertorio de alternativas que debe estar disponible para asegurar que los resultados finales y los avances intermedios sean equivalentes.
 
Las brechas también se reflejan en la gran desproporción que existe entre las prácticas de inversión, decisión y gestión del sistema, y el logro educativo que resulta. Una forma elocuente de abordarla es a través de tres vertientes: las brechas entre las entidades federativas de México, la brecha que separa la intensa política de transferencias condicionadas y el pobre éxito educativo, y la brecha entre la condición vigente de los maestros y la tarea asignada a ellos.
 
Finalmente, podemos señalar también las brechas que dividen a México del mundo.  No sólo hay una gran distancia en cuanto a aprovechamiento escolar, que queda registrada en los resultados de los exámenes estandarizados, sino especialmente en la visión, corresponsabilidad y urgencia con la cual otras naciones se proyectan hacia delante en cuanto a prioridad y esfuerzo aplicado al tema educativo. 
 
Los actores tradicionales no bastan para la transformación educativa, es necesaria la activación de los actores emergentes: padres, maestros, organizaciones ciudadanas y los propios alumnos. Antes estas brechas educativas en México, si no hay agentes de cambio entonces debe darse un cambio de agentes.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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