Educar para ser

el 22 Mayo 2013. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, Equipo de Mexicanos Primero - Blog | Vistas del artículo: 5078

¿Quién soy yo en este mundo? Ayudar a responder a esta pregunta, tan sencilla y a la vez tan profunda, es la aportación más importante que un maestro puede hacer a sus alumnos en su aprendizaje. Aprender es una forma de convivir con uno mismo, en la que el camino es más importante que el destino.

La vida misma no puede ser un sinsentido; tiene que tener un propósito, un para qué. La creación de sentido forma una parte fundamental de la aventura humana, nuestra búsqueda incansable de felicidad es la búsqueda por respondernos quiénes somos y hacia dónde vamos. Es sentir que pertenecemos a algo más grande y descubrir el estímulo que nos provoca esa actividad.

Una vez que encontramos un propósito, la vida cambia, se aligera, fluye y la combustión se suscita. Lo que digo no es extraño. Todos conocemos a alguien que disfruta lo que hace, o por lo menos lo hemos visto. Para un verdadero cocinero hacer un gran platillo es lo más importante del mundo. Para un artista es emocionar; mover las fibras de quien observa su obra. Para un maestro puede ser contagiar a sus alumnos a que aprendan sobre sí mismos. Sacudir al "yo" de su alumno, que le inspire a seguir conociéndose. Encontrar su pasión y reconocer sus debilidades y talentos.

Es el maestro quien puede irradiar la pasión a sus alumnos por aprender lo que más les guste y de aspirar a ser la mejor versión de sí mismos. Pero insistimos en homogenizar. Al niño tranquilo se le quiere activar, al activo lo quieren moderar; al extrovertido que se calle y al introvertido que hable. Y a pesar de que la denuncia no es nueva, seguimos fomentando niños iguales y no personas únicas que, como brillantes artesanos de su vida, vayan esculpiendo su personalidad y se desarrollen plenamente.

Ken Robinson plantea que la escuela fracasa cuando no facilita al niño el engranaje de "su talento y su pasión". Esto no es poca cosa. Estudios de felicidad encuentran que quienes más felices dicen ser, cuentan entre su arsenal de estrategias con la capacidad de desarrollarse profesionalmente en lo que más les gusta. Las repercusiones económicas y sobre todo las de realización personal son insospechadas ante una medida de este tipo. Imagínese si pudiéramos desarrollar nuestros talentos en las actividades que más nos apasionan, de tener un sentido en la vida. Esto me recuerda a uno de los recientes ganadores del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, Carlos Coello, quien compartía el significado de su carrera en una frase: "A veces, incluso, ahora, creo que estoy viviendo un sueño. Sin embargo, si es así, les suplico que no me despierten".

Y mientras en México pudiera parecer irrelevante este tema, en China sí están atentos a esta preocupación. Una parte importante de su reciente reforma educativa está dirigida a ayudar a sus niños y jóvenes a descifrar la pregunta de la vida: ¿quién soy? Proponen estrategias didácticas y orientaciones para que identifiquen qué quieren de su vida, hacia dónde van y cómo lo lograrán en un mundo tan cambiante e incierto como el actual.

En mis visitas a las escuelas he observado que la tutoría y la doble inmersión son estrategias pedagógicas que favorecen el autoconocimiento. Me compartía un maestro indígena: "nosotros hemos desarrollado el tema de la identidad, tratándola con subtemas, por ejemplo: ¿quién soy? El niño menciona sus características, lo que le gusta, quién es él, su nombre y muchas cosas que al niño le parece o no de su escuela, de su casa, de su familia y hemos utilizado el espejo para que el niño se mire y digas sus cualidades; se conozca (...) y eso nos ha dado resultados, tenemos niños más participativos, que no tienen miedo al hablar".

Soñar despierto es una necesidad humana. Los maestros pueden ser una especie de virus de contagio que los invite a aprender. Contagiarlos con sus ideas, con su ejemplo. Es mostrarles lo que dos maestros me contestaron cuando les pregunté sobre el contexto desfavorable: "No hay límites porque dedicas tu vida a esto"... "Hay muchas barreras, pero depende de ti".

Hoy que celebramos a los maestros la invitación es para que ellos ayuden a que broten en sus alumnos relaciones de auto-exigencia; de valoración personal (reconocimiento); de llevarlos más allá en sus aprendizajes; de invitarlos a soñar despiertos; y sobre todo, de encontrarse a sí mismos, de empoderar al niño. El tipo de relación que susciten será la calidad de humanización que logren en los niños. Así de monumental es su trabajo.

¡Deja un comentario!

Para comentar, escribe tu nombre y correo electrónico,