Educación en valores

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 05 Agosto 2009. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4491

Recuerdo una anécdota que contaba mi maestra Raquel Hodara -experta en sociedad y religión, de la Universidad Hebrea de Jerusalén-, decía que, estando dos niños en medio de una clase de religión, le pregunta uno a otro: "Oye, ¿qué es eso de amén? ¿Por qué siempre que rezamos lo decimos al final?", Y el otro le contesta: "Ah, es bien fácil; es como el enter para que sirva la oración".

La anécdota me hace considerar el hecho de que hoy la educación en valores no puede desestimar que nuestros contemporáneos tienen referencias básicas, ideas, nociones y actitudes que están fraguadas por el uso de sistemas tecnológicos e Internet.

Ante esa situación, sabemos que se tiende a caer en los extremos, por parte de los educadores: hay siempre algunos defensores de la cultura clásica a rajatabla y sin matices; según ellos, la gente sólo se educa pasando por el estrecho embudo de lecturas exhaustivas, del dominio de enormes volúmenes de datos y fechas; sólo se educa en sistemas disciplinarios, competitivos y autoritarios; satanizan la tecnología y desprecian como deleznable cuanto aparece en cine y televisión... todo lo que sea entretenimiento es visto como amenazante y destructivo de su tarea.

En el otro extremo, tenemos a aquellos que son fanáticos de medios y sistemas, y mejor si son los más recientes y los más caros; piensan que todo salón de clase debe ser un laboratorio multimedia, y el profesor un malabarista que nunca resulte aburrido a sus destinatarios porque siempre tiene una batería enorme de trucos, experimentos y dinámicas.

Ante esas posturas, poco a poco va brotando en uno la convicción de Beethoven: "Algo aquí no me suena".

"Los del librito", aquellos que lloriquean por la pérdida de la cultura clásica, olvidan que las obras que ellos aquilatan como referencias obligadas fueron en su momento obras modernas, frecuentemente innovadoras y controversiales. En su furor autoritario y antitecnológico no defienden a los verdaderos clásicos y se olvidan de que el acartonamiento de las instituciones escolares es algo más o menos reciente en la historia de la humanidad, pues durante muchos siglos aprendimos y nos formamos sin aulas ni grados. Su nostalgia es un truco de la memoria, pues esas épocas gloriosas nunca existieron, o ellos no estaban ahí.

Por su parte, los que están a la moda, "los de la pantalla", no son tan modernos como pretenden. Se ponen en manos de gurús reales o ficticios, que constantemente remozan sus colegios e instituciones, sin continuidad, coherencia o posibilidad de evaluación seria. Sus textos programados, su software costosísimo es frecuentemente -en el aprecio de los niños y jóvenes a los que se dirigen- igual de aburrido e insignificante que los libros viejos sin ilustraciones.

El fracaso escolar y el disgusto no son muy diferentes con respecto de las escuelas "tradicionales", y hay -en algunos educadores- una cobarde deserción a la hora de indicar y sostener criterios válidos y universales de respeto, ética y colaboración.

¿Cómo educar valores en estos tiempos? Para empezar, recordando que un libro clásico o un programa de cómputo no educan. Sólo la persona humana educa a la persona humana. La educación en valores es develación, revelación, reconocimiento. En el fondo, es aprender a ser; se trata de una "formación para la excelencia sustentable", la gradual y libre adquisición de la forma humana. Como dijo el poeta griego Píndaro hace 26 siglos: "Atreverse a ser lo que ya de alguna manera se es".

Dado que esto es un proceso continuo y transversal, considero que ayuda, si están bien planteados, tener cursos específicos para facilitar a las personas -nuestros interlocutores de toda edad y condición de vida- el proceso de discernir los auténticos valores y propiciar su concreción en tareas de vida, a nivel personal, familiar y social.

Pero en ese esfuerzo será crucial que se entienda que los cursos, conferencias, textos, programas de cómputo de valores, etcétera, son instrumentos que necesitan de un contexto que haga de confirmación y resonancia. Se requiere de maestros que sean personas excelentes, tanto los que den la clase de valores como los que den matemáticas, porque los valores son universales y compartidos. La gente no perdona fácilmente la incongruencia, y se vuelve escéptica ante una invitación a un lugar maravilloso, hecha por alguien que no vive ahí.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

Compartir

 
 

¡Deja un comentario!

Para comentar, escribe tu nombre y correo electrónico,