Concurso docente: saldos y pendientes

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 28 Agosto 2010. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 4710

¿Cómo se seleccionan los maestros de un país? El tema admite diversos arreglos. Nuestra proverbial capacidad de convivir con la contradicción permitió mezclar los modelos colectivista y capitalista de mediados del siglo XX, generando un pegajoso engrudo del que aún no acabamos de desprendernos, en pleno siglo XXI.

En nuestro país, por mucho tiempo, el reclutamiento de docentes estuvo ligado a dos factores: la asignación directa de la autoridad y las preferencias de los maestros mismos.

El primer componente, de sabor soviético y refrendado por décadas de disciplina vertical, es bastante sencillo: el Estado forma -o, si no hay tiempo ni recursos, recolecta- a los maestros y los asigna a donde lo determina la administración central.

Este estilo funciona con el idealismo de jóvenes que quieran servir a su patria y con una administración musculosa que aplaste la disidencia y mantenga la disciplina. Ser maestro es incorporarse a una fuerza de tarea, cuyas asignaciones son órdenes superiores que no pueden cuestionarse.

La necesidad era tan apremiante que el maestro no opinaba; todavía en la época de las Olimpiadas del 68, las campañas de gobierno y del Consejo de la Publicidad destacaban que en México cada cinco minutos se concluía un aula y a ella se asignaba un maestro.

Las misiones culturales, las brigadas de mejoramiento indígena aún perviven en sus pálidos reflejos actuales gracias a este modelo heroico de Estado total. Pero este modelo que no respeta la aspiración individual del maestro, que no establece evaluación continua que distinga el mérito (el único mérito, en este enfoque, es el servicio longevo y sin chistar: las preseas principales de la escuela pública mexicana son por 50 años y más de servicio) y que reconoce un poder omnímodo a los funcionarios de la Nomenklatura del edificio de Brasil y Argentina, en el DF, pronto entró en una peculiar mezcolanza con el capitalismo de compadres.

El segundo componente es paralelo al de aquellos alcaldes corruptos y violentos que usaban a los gremios como su apoyo público y su ejército privado, en una mezcla de mafia, sindicato y gobierno, típico de las ciudades de EU de los treinta. En su versión tropical produjo una selección de maestros basada en un floreciente y complejísimo comercio extralegal de plazas, prestaciones, incidencias y trayectorias de los maestros.

Compra, permuta y herencia de plazas, los grandes flujos de dinero y favores, dejaron sin mucho efecto los esfuerzos en pro de una preparación sólida del maestro. La convocatoria y el manejo de enormes contingentes de apoyo en desfiles, marchas, asonadas y elecciones dejaban poco tiempo para ponerse exigente en la idea de que un maestro de educación básica es -debe ser- un profesionista de alto desempeño; su sindicato se concretó más como una bronca y opaca central de obreros y muy poco como un exigente y transparente colegio profesional.

La ilusión de una educación centralmente planificada hizo agua ante la realidad pura y dura de caciques locales, de escuelas normales que acabaron como centros de indoctrinamiento/esparcimiento y de la feroz y darwiniana carrera tras el hueso de diputado, representante sindical, jefe de sector, supervisor, jefe de enseñanza o de perdis director.

Así, la asignación del maestro dependía de sus deseos, en tanto y en cuanto pudiera ponerle billete o especie a sus pretensiones: te vas a una plaza ahí donde quieres -por ejemplo, en la capital del estado- si pagas el peaje que significa la anuencia de las autoridades oficiales y sindicales.

Lo más sorprendente es la resiliencia de las maestras y maestros mexicanos: con todo y ese modelo Moscú/Chicago/Cuautitlán, no dejaron de llegar a los salones de clase extraordinarios educadores: esforzados, cumplidos, generosos, visionarios. Pero no podemos dejar al azar la selección y asignación de los maestros. Nuestro México, especialmente sus niños y niñas, merecen que al salón de clase llegue una persona con las mejores aptitudes y actitudes.

El Concurso Nacional del Plazas, y la prueba de habilidades y conocimientos ligado llegó a su tercera edición. Es perfectible en lo general y tiene muchos elementos cuestionables en lo particular, pero se equivocan los atrincherados líderes y las timoratas autoridades de Michoacán y Oaxaca que lo bloquean en sus estados. Ya no podemos regresar al pasado detestable: es una ofensa a la dignidad profesional del maestro y un agravio al derecho de los niños.

Por otro lado, la SEP y los estados nos deben la demostración de que sí llegan los mejores maestros al aula, y que eso tiene impacto en el aprendizaje de los estudiantes. Ya hay quien observe la aplicación del examen; vamos ahora a impulsar la observación de la asignación real.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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