Auditoría y educación

Escrito por DAVID CALDERÓN M. el 23 Febrero 2011. Publicado en David Calderón - Blog, Blog de Mexicanos Primero | Vistas del artículo: 5095

¿Cómo se lleva a la realidad lo que está en planes y programas? ¿Cómo se concreta en el marco oficial lo que queremos para la educación pública? Con esfuerzo, con dedicación, con sueños... y con dinero. No es lo fundamental, pero es imprescindible. No bastan los recursos económicos, pero sin ellos, nomás no.

Dicho más formal: el principal instrumento de la política pública es el presupuesto, pues el volumen de su monto, la ponderación en su distribución y lo acertado y oportuno de su aplicación es determinante para el logro de los objetivos. Si se gasta poco, se distribuye mal o se aplica tarde, los resultados son malos, los problemas persisten, se alejan las soluciones.

El presupuesto educativo en México representa menos del 6 por ciento del Producto Interno Bruto; todavía es una proporción insuficiente, comparado con lo que destinan otros países, pero es muchísimo dinero. En concreto, acaba siendo el 24 por ciento del gasto programable del gobierno: uno de cada cuatro pesos del presupuesto nacional se va a la educación pública, muy por encima de lo que se destina a salud, seguridad o infraestructura.

El grueso se destina a la educación básica, que es una responsabilidad compartida entre el gobierno federal y los 31 estados. Saber cómo se usa el dinero en educación es una de las claves de la mejora. No va a haber oportunidades para nuestros hijos en un sistema precario, corrupto, ineficiente o todas las anteriores.

Por eso, el trabajo de la Auditoría Superior de la Federación -una institución con autonomía técnica, que cuenta con el apoyo y seguimiento de la Comisión de Vigilancia de la Cámara de Diputados- es fundamental para la justicia educativa. Las brechas se cierran, también, si el dinero se usa bien. En estos días, la ASF entregó su Informe de Revisión a la Cuenta Pública 2009. Su labor es verificar cómo el dinero se fue moviendo desde Hacienda, con la planeación de SEP, hasta llegar a la escuela en forma del sueldo del maestro, el arreglo de la barda o los materiales del salón.

El informe tiene, literalmente, miles de páginas. Pacientemente, como los forenses de las series de televisión, los auditores determinan si el dinero llegó a su destino, se atoró en la ineptitud o se desvió en el fraude. La ASF no sanciona, sólo señala. Pero estos investigadores, metidos en sus oficinitas, armando día tras día, y a veces noche tras noche carpetas gruesas, con los ojos rojos por tanto fijarlos en la hoja de cálculo, merecen el reconocimiento de millones de niños porque los auditores son frecuentemente la única barrera de contención que resguarda su derecho a aprender ante la voracidad de un sistema que se acostumbró a lucrar con lo más noble y esperanzador.

Se puede hacer un tomo entero de la antología del disparate: con la serenidad del lenguaje oficial, la ASF le vuelve a recordar a la SEP que no puede seguir entregando datos superiores a 100 por ciento en la cobertura de educación básica; recuerda cómo es un indicador de desempeño insuficiente tener todavía a millones fuera de la escuela; o ya incluso dentro, en lo precario de las escuelas multigrado o de organización incompleta. Señala que el proyecto de Escuelas de Tiempo completo se marcó como meta cinco mil de ellas al concluir 2012, y a la mitad del camino no se llevaban ni siquiera mil; cómo, si se atiende a los propios reportes de la autoridad educativa, dice la ASF que hay 938 mil maestros frente a grupo de los cuales no existe garantía que están actualizados en conocimientos y habilidades para su tarea. Sería cómico si no fuera dramático: en 2009, documenta el reporte, se entregó irregularmente la presea Ignacio Manuel Altamirano por 50 años y más en el servicio de educación básica a 145 personas que no atienden ese nivel.

La ASF sólo sigue dinero federal, pero de todos modos tiene ocasión de revisar claridad, desempeño y resultados en forma diferenciada. Como hay una gran cantidad de recursos federales, alrededor del 80 por ciento del global, que pasan a los estados, es deber de la ASF ir a comprobar si los fondos llegaron hasta el destino señalado. Un botón de muestra: en el Estado de México, en 2009, se destinaron -cito- más de 30 millones de pesos a capacitación, eventos y espots de preparatoria abierta, a pesar de que el fondo expresamente es para educación básica; la autoridad educativa de ese estado también realizó gastos por la cantidad de más de 181 millones de pesos por concepto de apoyos sindicales como apoyos para excursiones, conservación y mantenimiento de oficinas regionales sindicales, compra de vehículos, fondo de capacitación política, fondo turístico, actos anuales, etcétera, los cuales no corresponden a la atención de la educación básica.

La regla de oro es: quien tiene el oro, pone la regla. El oro de la educación pertenece de los ciudadanos, y resguardar esa propiedad original para que no vaya a quedarse ilegítimamente en otro lado, es tarea de la ASF. Muchos les debemos, por lo que recuperan de aquello que siempre ha sido nuestro.

Acerca del autor

DAVID CALDERÓN MARTÍN DEL CAMPO

DAVID CALDERÓN M.

Soy Cofundador y Presidente Ejecutivo de Mexicanos Primero.
 
Conoce mi trayectoria.

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