Abrázalo, dale seguridad

el 17 Septiembre 2014. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, Equipo de Mexicanos Primero - Blog | Vistas del artículo: 5149

Publicado en Bebeteca | 09.18.2014

 Por: Laura Castillo

No existen manuales para saber con certeza cómo educar a tu bebé o saber qué es lo que debes hacer para lograr que sea feliz y exitoso. Sin embargo, los especialistas más reconocidos coinciden en que los lazos afectivos influyen sustancialmente en el desarrollo del niño, y a su vez favorecen en lograr la plenitud personal en la vida adulta.

Una manera importante de fomentar estos lazos afectivos es: ¡abrazando a tu bebé! Los abrazos son una muestra muy clara de amor y el sentirnos amados nos da seguridad y confianza, al mismo tiempo que fortalece el vínculo existente. La maravilla de los abrazos es que son un acto de cariño hacia tu bebé que es muy sencillo de realizar.

Es fundamental que tu hijo se sienta amado desde su nacimiento. Desde ese momento, su “yo” irá estableciendo relaciones con los objetos con los que interactúa y socializa e irá desarrollando los vínculos afectivos que necesitará para ser un adulto pleno. Es por ello que es importante que desde el nacimiento realices actividades como el platicar con tu bebé, jugar, y ofrecerle diversas actividades para desarrollar sus habilidades. Esto es esencial para hacerlos sentir importantes, para desarrollar su curiosidad y sus habilidades de adaptación, y para que te conozcan como persona.

El vínculo afectivo hacia un bebé es una necesidad básica para el desarrollo del niño. Si no logramos cubrir la relación afectiva desde una edad temprana y durante su etapa de desarrollo, en un futuro, ya como adolescente o adulto, podría tener ciertas consecuencias como: alejamiento, individualismo, falta de empatía o no poder interactuar con otras personas ajenas a su familia.

Es por ello que hay que manejar muy bien el “vínculo afectivo” con tu bebé, sin caer en la sobreprotección. Hay una gran diferencia, debemos enseñarles a ser independientes, pero con seguridad. Ni abandonarlos, ni sustituirlos: abrazarlos. Esta última es una regla de vida.

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