12 años del INEE

el 08 Agosto 2014. Publicado en Blog de Mexicanos Primero, Equipo de Mexicanos Primero - Blog | Vistas del artículo: 4921

Publicado en La Silla Rota | 08.08.2014

 

¡Despierta INEE, despierta! Así entonábamos todos hace un par de años el décimo aniversario del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). A 12 años de haberse constituido, miro su recorrido a través de dos momentos. El primero desde su constitución (2002-2012), el segundo con el cambio en su autonomía legal (2013–hasta el momento). Resulta injusto compartir tantos años en tan poco espacio, pero vale la pena el intento.

El INEE nace en 2002, aunque se venía cocinando desde el año 2000, cuando el entonces candidato presidencial Vicente Fox, declaró en su campaña presidencial la necesidad de crear un “IFE educativo”[1]. El presidente decretó el 8 de agosto de 2002 la creación del INEE. Su constitución cristalizaba un discurso de democratización, transparencia y acceso a la información, banderas importantes de las élites políticas de aquel sexenio.

El primer director general del INEE llegó con base en una convocatoria pública y fue designado por la Junta Directiva. Desde entonces, un grupo de especialistas en educación, dirigidos por Felipe Martínez Rizo -quien desarrolló el proyecto desde el año 2000 y luego fue el primer director general- consolidaron los primeros peldaños del INEE.

La experiencia y trayectoria de quienes condujeron este primer momento (2002-2012), permitieron la conformación de equipos sólidos y técnicos que con diversos talentos aportaron información rigurosa sobre lo que sucedía al interior del Sistema Educativo Nacional. Ello le permitió al INEE ser un referente, una especie de linterna que asomaba elementos fundamentales: Los Panoramas Educativos, los resultados y análisis de las evaluaciones de los aprendizajes (como PISA y Excale), así como la definición de conceptos valiosos como los componentes de la calidad de la educación.

Sin embargo, esta década o primer momento, también dejó muchos pendientes y sobre todo dudas, pues no correspondió con las grandes esperanzas que se tenían. Aquí recupero algunas limitaciones de este período[2]:

  • El INEE cuenta con gran prestigio a nivel federal, sin embargo no ha logrado dialogar con las autoridades estatales, mucho menos con escuelas, el uso de su información en los estados es escaso.
  • Tiene baja incidencia para la elaboración de las políticas educativas en los estados. Esto significa que no contribuye a un enfoque de política y práctica basada en la evidencia[3].
  • Su eficiencia y capacidad para comunicarse es deficiente. Llega tarde en la emisión de sus resultados y muchas veces resulta ilegible para muchos de los actores claves (tomadores de decisión).
  • En ocasiones publica un bombardeo de datos y resultados acompañados de diagnósticos sólidos, pero sin ofrecer rutas, propuestas y orientaciones para la solución de dichos problemas.
  • Su invisibilidad en temas torales de la coyuntura educativa de su incumbencia. Por ejemplo, durante el proceso de la Evaluación Universal en 2012, el INEE optó por el anonimato.

El fin de este período marcó un triunfalismo interno con muchas dudas en el entorno. Con este panorama en el año 2013, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto propuso una serie de cambios constitucionales. Entre otros, el artículo tercero de Nuestra Carta Magna estableció en su fracción IX que el INEE será “un organismo público, autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propio”[4].  Este cambio marcó un nuevo paradigma, acompañado de nuevas esperanzas y retos a los que se enfrentaría dicha institución.

Difícil juzgar este segundo momento en tan poco tiempo. Sin embargo, pueden destacarse algunos aciertos, retos y resbalones. Su musculatura política, legal y financiera ha crecido considerablemente. Su nueva autonomía le exige ser una institución capaz de alzar la voz y defender el derecho a la educación. De tal suerte, que tiene la legitimidad pública y legal para imponerse a cualquier otra autoridad gubernamental en materia de evaluación, cuando así lo amerite. Esta versión está aún por verse, puesto que en diversos momentos, el INEE actual no ha sido ese contrapeso a la SEP, sino un fiel acompañante.

Estamos ante un nuevo INEE que acierta en dialogar más y mejor con varios actores. Su trabajo en los perfiles docentes, las consultas a comunidades indígenas para orientar la evaluación docente, la constitución de consejos de la Sociedad Civil (CONSCEE) y de maestros destacados (CONPEE) son algunos ejemplos de acierto y esfuerzo plausible.

Sin embargo, se ha descuidado la difusión sobre el perfil idóneo de maestros que se construyó.  No se han denunciado las irregularidades en la designación de plazas, previo a los Concursos de Oposición y durante el proceso se vio atropellado y superado, lo cual ensució su esfuerzo y desanimó a muchos aspirantes. Las evidencias técnicas mostradas hasta este momento sobre cancelar ENLACE, siguen siendo un asunto oscuro para los ciudadanos y de resguardo para las autoridades, además de las dudas que genera que quienes condujeron el estudio, habían manifestado públicamente su rechazo previo al análisis. Las pruebas muestrales sí ofrecen resultados del sistema educativo, pero si el INEE aún pretende contribuir en una mejora pedagógica de las escuelas, en favorecer una cultura de la evaluación en los maestros y familias, en documentar las trayectorias de cada alumno, así como fortalecer la rendición de cuentas y transparencia, debe considerar tensiones como éstas (muestral vs censal) y entonces informar públicamente los razonamientos técnicos de su decisión; todo menos la opacidad.

Algo similar sucedió con PISA y TALIS, pues las presentaciones fueron lo más parecido a un evento oficial. Se extrañó un ojo clínico y alarmante sobre los resultados presentados. Para PISA pareció interesarle compartir una critica de los instrumentos, en lugar de convocar al cambio para garantizar el derecho a aprender de los alumnos. En TALIS se extrañó una energía combativa para mejorar el apoyo del sistema hacia los maestros. Se asoma el fantasma del INEE anterior.

Sabemos que el INEE tiene límites y que enfrenta un panorama complejo, sin contar con varitas mágicas. Queremos un INEE fuerte que use su musculatura para dinamizar una cultura de evaluación, no como fin, sino como medio para mejorar. Por ello, la exigencia y el apoyo de todos los interesados debe hacerse presente, para que sea una institución que verdaderamente logre abonar en la corrección, rendición de cuentas y mejoramiento de los procesos, con la bandera del derecho a la educación de nuestras niñas, niños, jóvenes.

@manubravo26 

[1] Ver: http://estepais.com/inicio/historicos/133/13_Ensayo10_Evaluacion_Ornelas.pdf

[2] Las primeras cuatro observaciones aquí señaladas recuperan un análisis de 2012 realizado por el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, titulado: "Seguimiento de uso de resultados de evaluación del INEE por parte de autoridades educativas (2012)”. http://www.inidedelauia.org/p/inide-mision-objetivos-y-lineas-de.html

[3] http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=14025581012

[4]http://dof.gob.mx/constitucion/marzo_2014_constitucion.pdf

 

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